Las pinturas orgánicas de Fernando Ureña Rib


Por JOSÉ SALDAÑA | © Areito

Orgánica, la muestra que exhibe Fernando Ureña Rib en la Galería Nacional de Bellas Artes hasta el 7 de enero, es un conjunto de obras donde la poesía, la música y la naturaleza aparecen concatenadas, fundi- das. El conjunto recrea todo un escenario de centelleante colorido y de honda expresión plástica.

A Ureña Rib se le conoce como “un pintor figurativo”. Ahora él se define como un pintor orgánico. Concientemente se alejó de las tendencias que marca la moda, mirando con desdén los afanes de las vanguardias y transvanguardias por traer a la luz algo que fuera realmente nuevo. Fiel a la elección de ese derrotero, y durante muchos años, la figura de la mujer continuó siendo el eje central de su inspiración. Hoy, en las pinturas orgánicas algo que no identificamos, gira y danza en torno a un universo impregnado de gran belleza y lirismo.

Ahora él recrea para nuestro deleite visual e intelectual la naturaleza y su plenitud orgánica.  Porque además de pintor y excelente narrador, Fernando Ureña Rib no puede negar que es un estudioso de la piel y de la anatomía humana. Pero ahora se revela estudioso de la biología marina, de la fauna, de la vida. En esta muestra, Ureña Rib retoma uno de sus temas favoritos, Orgánica, y lo propone como una nueva teogonía. Pero no simplemente, porque Ureña Rib nos trae ahora su visión de la filosófica de la vida misma.

Aunque las obras reflejan ese mundo, la connotación pictórica, sin embargo, es independiente, válida en sí misma y puede ser juzgada con absoluta independencia de los temas vegetales o marinos que la inspiran.  Porque Orgánica transmite aquellos principios que caracterizan el tránsito de una semilla, su germinación, su floración desde las profundidades de la tierra. El brote, el empuje de abajo hacia arriba, la culminación. Todo nos hace pensar y sentir en ese calor inicial que perfora la tierra hacia la luz. Por supuesto, esto nos hace recordar su exposición de Crisálidas en la cual la germinación era aquella de la mariposa desde el gusano hasta que alcanza la sublime coloración y el vuelo.

Esta exposición es de algún modo femenina. Las formas maternales son frecuentes. Y en ese orden recordamos otra gran exposición del artista, Ninfas, presentada en el Museo de Arte Moderno en 1996. Y es que estas figuraciones son al mismo tiempo un estudio de la anatomía y de los cuerpos en movimiento de la danza. En este caso, la danza es siempre circular, es decir, infinita. Una danza perpetua de singular gracia expresiva vincula la maestría de su ejecución a la riqueza de su imaginería mítica.

Como todo un gran creador, Ureña Rib siempre propone nuevos mitos, nuevas leyendas.  Recordamos su exposición Oceánica, presentada en la Casa del Cordón. La disposición estructurada de los formas, de los cuerpos marinos, es enriquecida por el manejo sabio del claroscuro, en el cual la luz va dictando el curso del movimiento con trazos ágiles y rastros de color.

El observador tiene la sensación de vencer visualmente la estática propia del cuadro, porque estos movimientos estimulan su fantasía. Los cuerpos se agitan, flotan y vibran en ese universo de sueños y de encantamiento. Así Ureña Rib crea otra realidad, que es una firme declaración a favor de la viva realidad, de la presencia actual del mito y de los sueños. Los elementos figurativos funcionan como mecanismos de relación entre espacio y forma.

Como entes visuales autónomos

 Estas fusiones contribuyen a subrayar el anonimato de los personajes y se centran en las relaciones corpóreas. Así, el movimiento en sí y el tránsito del color en los cuerpos es lo que interesa al artista y es lo que él propone como finalidad de su obra.

En Ureña Rib la renovación es constante. No hay rompimientos, más bien el seguimiento ordenado y el desarrollo de sus propios cursos de acción. Durante muchos años he seguido de cerca a este pintor y he podido darme cuenta del rigor, de la disciplina y de las exigencias que él mismo se impone en el oficio de pintar y en cada proyecto artístico o literario que emprende. Su labor creativa es apasionada, y su investigación intensa. Sólo de esa manera ha podido lograr él una obra de gran solidez y calidad plástica.

Otro aspecto que merece especial mención, tanto en la serie Órfica, como en las pinturas Orgánicas, es el de la sensualidad. La obra de Ureña Rib se caracteriza por un sutil erotismo que a veces se desborda en sus formas más abstractas u orgánicas. Esa sensualidad nos retrotrae, desde el  mundo de los griegos, a la esfera tropical y caribeña, porque refleja mucho de lo que somos como cultura, como pueblo, en el que la sensualidad es parte de la vida cotidiana y permea todas las cosas, incluyendo los terrenos áridos de la economía y la política. La sensualidad es lo que cubre el alma de estas cuerpos orgánicos, vivos, danzantes, alados, plenos de magia y misticismo. [lilibrik]

(Enviado por Mediaisla.com)

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