La voz y las manos de Sosa dibujan canciones de libertad en mitad del mundo


Susana Madera

Quito, 27 oct (EFE).- Con su inconfundible voz y con cadenciosos movimientos de manos, la cantante argentina Mercedes Sosa dibujó anoche canciones de libertad, clamó por corazones libres, enalteció la solidaridad y escarbó en el ánimo revolucionario de unos 5.000 seguidores que la vitorearon en un coliseo de Quito.

Un largo vestido negro, resaltado con una capa roja y una colorida bufanda, envolvían los 72 años de Sosa, en un sencillo escenario en el que, durante cerca de 90 minutos, cantó 22 canciones.

Sin mediar palabra, con “Samba para no morir” abrió el repertorio y aseguró, entre otras cosas, que no le asusta la muerte ritual pues la historia la recordará viva.

Contundente en su mensaje, Sosa se las apañó -como siempre- para que su mensaje fuerte, a veces tierno y a veces doloroso, dejase un sabor a miel en los corazones de sus seguidores, que la acompañaron en “La Canción es urgente”, con la que expresó su esperanza de que cuando el silencio se rompa, éste suene a victoria.

La fortaleza de su voz, endulzada con las tonadas de una guitarra, un violín y algo de percusión, cautivó con “Corazón Libre”, al señalar que los “únicos vencidos son los que no luchan”.

Una oda a la vida, a la esperanza y al amor desplegó en esa canción, en la que rechazó complicidades con esclavizadores de corazones: “Adelante corazón, sin miedo a la derrota, tu arma es estar vivo”, cantó.

Serena, bromista, real y frontal, Sosa recordó -sin alusiones directas- los tiempos de represión en su país al asegurar que ahora ya no está “corrida” de la Embajada argentina: “Ya me quieren, no sé si por la edad o porque no hay más con quien pelear”, dijo.

Con gran parte de su público cuarentón y algunos que pasaron las cuatro décadas hace tiempo, pero la mayoría absortos en sus mensajes, “La Negra” revolvió sentimientos con “Como la cigarra”, coreada por miles de voces cargadas de emotividad.

Condecorada en pleno escenario por la Prefectura de la provincia de Pichincha por su “mérito cultural”, Sosa homenajeó a Violeta Parra con “Gracias a la vida” e invitó a una integrante del grupo local Quimera a cantar “Los hermanos” y a su “hermana”, la libertad.

La vena revolucionaria saltó al escucharle cantar al Comandante Che Guevara, a lo que el público respondió con los puños en alto.

Invocó a la solidaridad con “El Ángel de la bicicleta” y con “Alfonsina” arrulló a su público, concentrado en un coliseo con capacidad para unas 14.000 personas en el que las voces, la mayoría femeninas, parecían llenar los espacios vacíos.

Al español Joan Manuel Serrat lo llevó al escenario en la canción “Aquellas pequeñas cosas” y, cantando en portugués, se quejó de la “Insensatez” de hacer sufrir corazones abandonados, mientras que a Charlie García lo rememoró en “Cuando ya me empiece a quedar solo”.

El recuerdo de Luciano Pavarotti llegó de la mano de “Carusso”, en tanto que de Fito Páez cantó “Un vestido y un amor”.

Coincidencia o no, la decimoséptima canción fue “Volver a los 17” que, con la misma emoción que Sosa, coreaba una anciana del público agitando sus arrugadas manos con bríos de adolescente.

No le faltó a Sosa razón al asegurar entonces que el amor, al viejo le vuelve niño y que lo que puede el sentimiento no lo ha podido el saber.

El público, hasta entonces completamente entregado, se le rindió al escuchar salir de sus labios “si no creyera en la locura…” con lo que puso en las tablas la canción “La Masa” de su amigo Silvio Rodríguez.

Cantó “Corazón de estudiante” y coreó “Solo le pido a Dios” con integrantes del grupo ecuatoriano “Pueblo Nuevo”, con los que, también junto a Quimera, entonó “Canción con todos”.

Sosa tocó varias esquinas sentimentales y revolucionarias, bromeó al contar que el viernes, por “andar de artista” con gafas de sol en Cuenca, no vio un escalón, cayó y se lesionó un dedo de la mano.

Así, la “hermana mayor de la música Latinoamericana”, pidiendo remendar alas rotas y recordar la infancia sin fronteras, se fue del escenario, mientras su público le pedía volver coreando “si calla el cantor, calla la vida…”, pero no volvió.

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