Desnudos famosos en plena campiña inglesa


Emilia Pérez

Compton Verney (R.Unido), 29 sep (EFE).- Desde pinturas de Pierre Bonard y esculturas de Rodin hasta las fotografías que Bert Stern tomó a Marilyn Monroe pocas semanas antes de su trágica muerte: una exposición analiza desde hoy en plena campiña inglesa el desnudo en el retrato durante el último siglo.

“El retrato desnudo” reúne hasta el próximo 9 de diciembre más de 160 obras en la Galería de Compton Verney, una vieja mansión situada en el condado inglés de Warwickshire, no muy lejos de Stratford-upon-Avon, el lugar donde nació William Shakespeare.

“Tanto el retrato como el desnudo son dos de los grandes pilares de la historia del arte y ponerlos juntos ofrece nuevas perspectivas fascinantes”, dijo a Efe la artista germano-británica Melanie Manchot, algunas de cuyas obras están incluidas en la muestra.

Para Manchot, que ha trabajado durante más de diez años en el desnudo, son especialmente interesantes “los diálogos” que se establecen entre la obra de artistas célebres, como Oscar Kokoschka, Man Ray, Francis Bacon o Dina Arbus, y la de artistas actuales.

Las piezas expuestas abarcan técnicas muy distintas, desde la fotografía y la pintura hasta el grabado y la escultura, para contar cómo ha evolucionado esa tendencia artística en el último siglo, explicó el comisario de la exposición, Martin Hammer, en la presentación a la prensa.

El modelo es muchas veces el propio artista, pero en ocasiones su pareja, sus amigos, sus familiares o personas extrañas que posaron desnudas, algunos de ellos muy conocidos.

Así vemos a una sensual Madonna retratada desnuda por Peter Howson, a un John Lennon desnudo y en posición fetal abrazado a Yoko Ono en la foto que Annie Leibovitz les hizo en 1980 y a una Marilyn Monroe que se muestra al natural en las instantáneas que Bert Stern le sacó en 1962, sin ocultar sus imperfecciones, como una enorme cicatriz en el abdomen.

Las últimas dos imágenes tienen un valor testimonial añadido: Lennon fue asesinado por un seguidor pocas horas después de la sesión de fotos y Marilyn fallecía por una sobredosis de barbitúricos a las seis semanas de someterse al objetivo de Stern.

El desnudo en el retrato también ha servido para contar historias de amor, como las pinturas que Pierre Bonnard hizo a su esposa, Marthe Boursin, y en las que la verdadera identidad de la modelo sólo se conoció tras la muerte del artista, o el dibujo “Peter”, en el que David Hockney inmortalizó a su amante.

Otras veces esa tendencia artística sirve no sólo para desnudar al modelo, sino también la realidad que lo rodea, como la serie de fotografías con las que el ucraniano Boris Mikhailov documentó la vida de un grupo de personas sin hogar, víctimas de la transición del comunismo al capitalismo en Ucrania tras la desaparición de la URSS.

O para denunciar las ataduras de los cánones de belleza, como la escultura de una mujer discapacitada, tallada por Marc Quinn, o las fotografías de su madre desnuda con las que Melanie Manchot pretende denunciar la actitud de nuestra sociedad hacia el cuerpo de las personas mayores.

Una destacada parte de las obras son los autorretratos desnudos de los propios artistas que, como indicó a Efe la artista británica Jemima Stehli -también con obra en la muestra-, en su caso han supuesto exponerse al espectador “como artista y como mujer”.

Dos autorretratos de grandes dimensiones muestran a Stheli justo en el momento en que está captando la imagen en su estudio: en una de ellas vemos su imagen reflejada en un espejo, mientras que en la otra un fondo rojo permite apreciar su sombra al fondo.

Otros ejemplos destacados son las fotos con las que la artista Jo Spence inmortalizó su cuerpo tras haberse sometido a una mastectomía o un autorretrato de la estadounidense Nan Goldin, autora de una fotografía, propiedad del cantante Elton John, confiscada por la policía en otra exposición británica ante la sospecha de que puede violar las leyes sobre pornografía infantil.

O una imagen con las que los siempre polémicos Gilbert y George retan al espectador a enfrentarse al desafío de dos hombres de mediana edad desnudos.

Porque, como indica el propio Gilbert en el catálogo de la exposición, “una señora desnuda es maravilloso; dos señoras desnudas, es muy interesante, pero dos hombres desnudos.

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