La contundencia de los medios nos exige repensar la literatura


Por Alejandro Flores / El Economista.mx

Suscríbete a AkerunoticiasEs un lugar común, apuntalado por la edición en español de la revista Granta que publicó una selección arbitraria con los 32 mejores escritores de habla hispana menores de 35 años, que Argentina, a parte de ser un polo geográfico en el mundo de habla hispana, es también un polo nodal en cuanto a la creación literaria de la actualidad. Lugar común que el escritor argentino Damián Tabarovsky viene a dilapidar de palmo a palmo con la publicación en México de su libroLiteratura de izquierda (Tumbona) publicado originalmente en el 2004 pero que no ha perdido un gramo de actualidad ni nada de su filo.

Cuando su autor habla de literatura de izquierda no se refiere a las convicciones políticas o partidistas de los diferentes escritores, sino a un tipo de literatura que se sale de lo normal, de los cánones y que estable una “suspensión de la creencia”, y apunta hacia la ruptura de lo verosímil, en un momento en que la novela detenta el gran poder en cuanto a los géneros y mantiene un estilo convencional y reaccionario.

“Hoy en día, la literatura compite contra estos otros grandes relatos, en los cuales se incluye el mediático. La última vez que vine a México, el J. J. le pegó un balazo a Cabañas y eso es tan fuerte y tan directo que ningún discurso va a ser tan potente como lo que vi esos días en la televisión. Esto pasa igual en Argentina y en el mundo entero.

Pero es un signo que obliga a la literatura a repensarse. Yo, por ejemplo, abomino de esas novelas realistas ramplonas y me parece más interesante la metáfora del arte abstracto porque rompe con lo verosímil y con la narración”, opina Tabarovsky.

Contra el canon

Sea cual sea el estado actual de la literatura argentina, esta sin duda ha dado grandes escritores, novelistas imprescindibles. La tradición de la cual abreva Damián no son los canónicos o mainstream (Cortázar, Piglia, Fresán, por mencionar en una pasada varias generaciones) sino la que se compone por autores como Fogwill, Libertella, Aira, Lamborghini, Néstor Sánchez, Puig, Copi, Zelarayán o Pizarnik.

En la cartografía literaria de Tabarovsky hay poca consideración para los más mediáticos: Veamos algunos ejemplos:

¿Julio Cortázar?

“Significa un momento particular, el ascenso de las clases medias, y la idea generalizada de que después de leerlo se es más culto. Su obra literaria no me parece particularmente interesante.”

¿Rodrigo Fresán?

“Uno de los jóvenes mediáticos de los 90, que me interesó con el paso del tiempo porque reifica una locura llevada al extremo: ser alguien que vive pensando y dialogando con el mundo norteamericano contemporáneo pero no escribe en inglés y vive en una especie de no lugar, Barcelona. Esa excentricidad lo hace interesante para mí. Sus novelas no.”

¿Ricardo Piglia?

“No es sencillo contestarlo en pocas palabras pero Piglia generó buena parte de esta vanguardia académica que yo discuto en el libro.”

La literatura latinoamericana en 100 metros

Cuando Damián Tabarovsky comenzó la redacción de este libro, Fogwill y Héctor Libertella vivían a 100 metros de su casa. Luego el pensó el libro como una intervención crítica que no llegará más allá de esos 100 metros. Como pensaba que al ser una intervención muy acotada no tendría demasiada repercusión buscó colocarlo en la editorial más pequeña de la zona, la editorial Beatriz Viterbo, en la colección El escribiente, en la que se publica uno o dos ensayos por año de crítica literaria hecha por escritores. El libro se publicó en 2004 y ese mismo año el diario Mercurio de Chile lo seleccionó como el mejor libro del año. Así que sin proponérselo el libro tuvo mayor repercusión de la que su autor buscaba.

“Las problemáticas literarias de esos 100 metros resultaron ser muy representativos para la literatura latinoamericana: las relaciones entre literatura y mercado, cómo pensar la literatura después de las vanguardias, los procesos de concentración editorial inmensos, la relación con los premios, los nuevos escritores que en los 90 aparecieron bajo la influencia del rock y del pop gringo. Todo esto se replicaba en Brasil, México y España, había correspondencias, solo cambiaban los nombres”, comenta el escritor.

“En Argentina causó este libro mucha polémica. Pero en los últimos años han pasado varias cosas. Un cambio muy importante es la consolidación en toda América Latina de una nueva camada de editores independientes, entre las cuales se encuentra Tumbona y Sexto Piso o Almadía, por el lado de México. En cuanto a la escritura es aún prematuro.

Sí hay una nueva camada de escritores que desconfían de los circuitos de reconocimiento mainstream como los premios, la aparición en los periódicos, y prueban nuevas formas como el blog u optar por un acercamiento de la ficción al hapenning o a las puestas de escena que ya había usado la poesía.

“Modos que han sido novedosos. Pero en muchos casos hay perdida de cierta densidad intelectual. Todo esto no debería redundar en que el escritor sea menos intelectual. Hay como una idea de correr detrás de la época y de confundir conocimiento con información. Hay una tendencia al pop un tanto sencillo olvidando el carácter corrosivo del pop, el pop no es tan sencillo como parece.

“Buena parte de los escritores que son políticamente de izquierda, en el caso de Argentina, que han militado, que apoyaron a las madres de Plaza de Mayo, tienen una escritura conservadora y no se cuestionan la praxis misma de la literatura: las novelas tienen que atrapar al lector, tiene que tener introducción, desarrollo y conclusión. El corazón de la literatura no es el contenido ni la historia que se cuenta sino el lenguaje, el lenguaje es al mismo tiempo el amo, por lo tanto está la lucha de clases, lo cual significa crear un lenguaje que intente perforarlo o por lo menos llevarlo al extremo.

“Y que además se pongan en discusión con los discursos y lenguajes hegemónicos: el lenguaje de los medios de comunicación, el lenguaje de los deportes: winner-looser, el discurso de la salud: sano-enfermo. Lo que exijo para la literatura es que se pregunte si tiene algo que decir, que sospeche de si misma. Mínimo de los 60 para acá, hay tres o cuatro grandes escritores por generación que han buscado una literatura excéntrica, subversiva, marginal, profundamente erudita. Pero, a su vez, hay otra línea totalmente reaccionaria y conservadora”, comenta Tabarovsky.

El libro se presentará este jueves a las 19:30 hrs en Casa Refugio Citlaltépetl, con los comentarios de Antonio Ortuño, Nicolás Cabral y el autor. El tiraje es de 1,000 ejemplares que ya circulan en las librerías del país.

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