Manuel Galbán, comiendo candela


Por Rafael Lam (Colaborador de Prensa Latina)
Manuel Galbán fue el director y guitarrista de Los Zafiros, el cuarteto más famoso de la década de 1960. A Galbán le llamaban el quinto Zafiro (cuatro voces y una guitarra). Además de director de Los Zafiros, en 1973 tuvo la dirección del grupo Batey, en 1998 La Vieja Trova Santiaguera, después el Buena Vista Social Club y más tarde Los Cuatro Grandes del Buena Vista.
Con este recuerdo en mi mente, llego hasta su casita en El Vedado para volver, una vez más, a conversar con uno de los músicos más tenaces de la música de nuestro tiempo, 64 años haciendo música.
Las paredes están llenas de fotos de grandes figuras de la música cubana y mundial, el trofeo del Premio Grammy, gallardetes, el viejo piano, souvenir. Me orienta Magda su esposa, fiel seguidora de Los Zafiros. Magda y Manolo desenfundan los viejos archivos, las carpetas, las fotos del genio Chinolope, para seguir descifrando el misterio de Los Zafiros.
-Galbán, comencemos por lo primero, por su pueblo natal.
Nací el 14 de enero de 1931 en el pueblo costero de Gibara, que ahora está de moda con el Festival de Cine Pobre. Mi familia era muy musical, mi papá tocaba el tres y yo a veces descargaba con mis dos hermanos.
– ¿Y usted cuándo comienza en la música?
Muchos de los instrumentos los aprendí solito, otros con mi hermano. Pero seriamente me inicio en julio de 1944 con la orquesta Villa Blanca, tocaba la guitarra, otras veces la batería y cuando se podía tocaba el piano.
– ¿Cuándo llega a La Habana?
En 1956, yo contaba con 25 años, tuve que emprender todo tipo de oficios, por legado familiar soy carpintero, afinaba pianos, creaba jingles comerciales. A veces acompañaba al trovador Evelio Rodríguez, Caridad Hierrezuelo y al cantante Lino Borges.
– ¿Cómo llega al Cuarteto Los Zafiros?
Los Zafiros habían tenido varios guitarristas, andaban en busca de alguien que se ajustara a ellos. El trovador Reinaldo Hierrezuelo y el compositor Rolando Vergara contactan conmigo. Yo vivía en la calle Campanario 210, me llaman en febrero y me uno a ellos en marzo de 1963, a los tres meses de creado el cuarteto. Ellos comenzaron en diciembre de 1962. Eduardo Elio (El Chino) dio un salto y exclamó: Este es el hombre que nosotros necesitábamos! Yo tenía alguna experiencia en el montaje de voces y las posibilidades de ser guitarrista y pianista, compongo y hago arreglos, domino la técnica musical. Entonces deciden nombrarme director.
– ¿De qué manera se unen Los Zafiros?
Por la historia que conozco, que escuchaba y que leía en la prensa. Leoncio Morúa (Kike) y Miguel Cancio tenían intenciones de hacer un cuarteto en alianza con Nestor Milí. Ignacio Elejalde el tenorino vino en septiembre de 1962 de Portugal, cantaba en una compañía de baile de su tía en el cabaret Estéril. Finalmente Milí lo descubre y lo invita. Ignacio conocía a Eduardo Elio Hernández (El Chino) que era judoka y chapistero. Entonces Milí los atiende y también Robles Díaz les da una mano y, según dice Orlando Quiroga en un reportaje de 1966, ellos ensayaban algunas veces en el Malecón habanero. Miguelito era de Jesús María, Ignacio de Cayo Hueso, el Chino del central Tinguaro en Matanzas y Kike de Varadero.
– ¿Cómo eran musicalmente Los Zafiros?
Muy musicales, lo llevaban en su sangre, Ignacio tenía una pista sensacional, Cancio dominaba la coreografía, el Chino tenía una voz inigualable, cantaba casi todas las canciones como líder, Kike era muy musical y había aprendido a montar voces con su familia. Kike y yo montamos las voces, a partir de mi entrada al cuarteto. Los Zafiros eran músicos callejeros. Ellos bailaban a tiempo, se movían al ritmo de la clave, eso todos los músicos no logran hacerlo tan bien como ellos. En la pista no tuvieron igual, yo observaba sus pasos de baile que me servían de guía, su mecánica era muy juvenil y eso te alimenta musicalmente, la juventud es muy renovadora, yo cuando aquello tenía 33 años y ellos tenían como promedio diez años menos.
– ¿Cómo fue el éxito del cuarteto vocal?
Sus primeras actuaciones fueron en el Escondite de Hernando, donde dijeron que ellos no eran para aquello, después el Cabaret Nacional, Varadero, Camagüey, El Caribe del Habana Libre, fue un fenómeno de la noche a la mañana, triunfaron a la carrera, los discos se gastaban en las victrolas, fue un éxito arrollador, una reacción en cadenas, en la radio, la televisión, los teatros, los salones y hasta en las carpas de circo como la de Infanta y San Rafael, donde también cantaban Los Meme. En Santiago de Cuba fue apoteósico el entusiasmo con Ignacio. Y en 1968, hasta cortamos caña en el central Brasil del pueblo de Esmeralda.
– ¿Como eran ellos personalmente?
Eran buenos muchachos, compartidores con  todos, pero muy indisciplinados, aunque me respetaban. Todo en la vida tiene un precio, hasta que no pude más y los tuve que dejar en 1972. Ya desde febrero de 1970 había pedido la renuncia. Estuve 10 años con ellos. Entre ellos se habían hecho familia: El Chino se casó con una hermana de Miguelito y Miguelito se casó con una hermana de Kike.
-Desde el punto de vista musical hágame un análisis de los integrantes del cuarteto.
Como Lennon y Mc Cartney, las dos estrellas eran Ignacio Elejalde y el Chino Eduardo Elio. Ignacio era el tenorino (no falsete), el que hacía las glosas y cantaba algunos temas especiales. Daba un re sobre agudo, parecía una voz de mujer, era superior al Tony William de Los Platters. El Chino era la voz callejera, muy grave, como nadie. Barriotero, guaguancosero, rumbero nato del barrio de Cayo Hueso. El cantaba casi todos los temas estelares y nadie podía sustituirlo, saca tus conclusiones. Miguelito era tenor, tenía experiencias de cuarteto y Kike tenía una musicalidad sorprendente; él montaba las voces del cuarteto conmigo.
– ¿Solamente se acompañaban de una guitarra?
El asunto viene, porque en esa etapa los pianos comenzaban a extinguirse de los centros nocturnos y era más fácil acompañarlos con una guitarra eléctrica. Nos decían cuatro voces y una guitarra.
– ¿Pero, en las grabaciones era otra cosa?
En las grabaciones empleábamos una base ritmática: Tata Güines (tumbadora), Guillermo Barreto (batería), Emilito del Monte también estuvo en la batería, Orlando López –Cachaíto- bajo y en ocasiones Papito Hernández y Kike Hernández.
– ¿Y usted que papel juega instrumentalmente?
Tengo entendido que hacia el papel de dos guitarras a la vez.
En determinados momentos yo hacía doble función de bajo y guitarra prima, con mi instrumento. Con mis manos creaba una especie de apagador que cerraba el sonido, haciendo a su vez, efectos con la palma de la mano derecha, dando un toque distinto, un matiz novedoso. Escucha las grabaciones Hermosa Habana, Ofelia, He venido, Solo, solo. Casi todos  los directores decían que yo tenía un estilo diferente, el genial pianista Peruchín decía que para sustituirme había que emplear a dos guitarristas. También elogiaban este trabajo Somavilla y Juanito Márquez el del ritmo pa´cá.
– Algunos especialistas dicen que a Los Zafiros les faltó ciertas armonías más complejas.
El objetivo de nosotros era la sencillez; con ese concepto llegamos a donde quisimos llegar. El resultado es lo que cuenta. Escucha la pieza Hermosa Habana, para que veas que armonías y que voces, nadie los puede imitar, ni superar.
– ¿Cuando llegan a la cúspide Los Zafiros?
En 1965, en una gira internacional por Europa, especialmente en París, donde nos presentamos en el teatro Olympia.
– Me dice uno de los que atendieron la delegación, Ricardo Díaz, que Los Zafiros fueron la sensación del Music Hall, que fueron los más aplaudidos nueve minutos contados por el reloj.
La delegación contaba con 120 integrantes, las colas eran de cientos de metros y miles de personas, como vemos en las fotos que te he mostrado Los Zafiros interpretaron tres piezas y la ovación fue estruendosa, imagínate, ellos cantando y bailando una conga como La Caminadora, (era una guaracha llevada a conga). En el fastuoso cabaret Lido de París, el director de la orquesta del cabaret le tocó la garganta a Ignacio, no podía creer la maravilla de aquella voz. Nos presentamos en Varsovia, Alemania y Moscú bajo la nieve. Todo el repertorio era cubano salvo Rogar (Mi oración), un homenaje a Los Platters.
– Entonces, cuando se acaban Los Zafiros, ¿qué hace Galbán?.
En 1973 –el mismo año que Los Irakere- formé el grupo Batey, visitamos 66 países, no paramos. Tocábamos pura música popular cubana. En 1997 me jubilo.
– ¿Cómo llega a la Vieja Trova Santiaguera?
En marzo de 1998 nuevamente Reinaldo Hierrezuelo me tiene en cuenta, comienzo como guitarrista con la Vieja Trova Santiaguera y me mantengo dos años. Con ellos grabé dos discos: Dominó y La manigua (Disco de Oro en España). Fue el renacer de la vieja guardia trovadoresca, ayudaba en el montaje de voces, yo era el más joven. En esa etapa alterné con la orquesta de Buena Vista Social Club.
– Pasemos al Buena Vista Social Club.
En la orquesta Buena Vista Social Club realicé trabajos, estando con la Vieja trova Santiaguera. En esta experiencia Ray Cooder y yo grabamos Mambo sinuendo, un disco instrumental, ganador de un Grammy Latino en el 2003. Ese disco fue una proeza, lo hicimos en 15 días, mientras grababa también con Ibrahím Ferrer. Yo intervengo en el segundo disco de Ibrahím, dónde toco la pianola, el piano y la guitarra. También participé en discos de Omara Portuondo, el Guajiro Mirabal y Cachaíto.
– La crítica lo compara a usted con el famoso guitarrista Duane Eddy, estrella de los 50.
Ese fue un gesto amable de la crítica internacional.
-¿Ahora que hace Galbán?.
Estoy en el proyecto de Los cuatro grandes, desprendidos del Buena Vista Social Club. Tenemos muchas giras por Europa.
– Usted es un músico que ha trabajado muchos años sin parar, pero ¿ha tenido algunos problemas de salud?
He tenido tres enfrentamientos con la muerte,  momentos difíciles en la vida: En 1986 en Angola me atacó un virus que por poco me cuesta la vida. En el 2000, después de una gira por Houston llegué a La Habana y por la tensión de trabajo sufrí un infarto. Y en ese noviembre del 2000, en Argentina, en una prueba de sonido, mientras tocaba la guitarra pusieron la corriente 220 y perdí el conocimiento. Me recuperé y seguí la gira por Suramérica. Voy como Compay Segundo pidiendo prórroga. Nosotros somos músicos que llegamos comiendo candela.

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