Conversación con Olga Portuondo Zúñiga


Yunier Riquenes García 

En 2010, Olga Portuondo Zúñiga mereció el Premio Nacional de Ciencias Sociales. Entre su vasta obra se encuentran numerosos libros sobre la historia del oriente cubano en los siglos XVIII y xix, pero es su libro La Virgen de la Caridad del Cobre. Símbolo de cubanía, Editorial Oriente, 2008, uno de sus textos más perseguidos por los lectores. Ahora, que Cuba y los cubanos celebramos en todas partes el cuatrocientos aniversario del hallazgo de la imagen de la virgen de la Caridad, Patrona de Cuba, conversamos con Olga de su relación con la historia del culto a la Virgen del Cobre. Próximamente la Editorial Oriente volverá a poner en circulación este volumen. 

 

Cualquiera podría suponer que eres católica, sin embargo no es así. ¿Cómo y por qué comienza el interés por el estudio de la Virgen de la Caridad del Cobre?

Me dedico a la historia del oriente de Cuba, particularmente he incursionado en los primeros siglos de la colonización. No fue difícil que saltara a mi atracción de historiadora –interesada en la formación de nuestra identidad– el culto popular a la Virgen del Cobre. Estaba estrechamente vinculado con los primeros pasos en la evangelización del aborigen y del africano en nuestros territorios orientales y en la manera como se gesta, desde esos inicios, el hombre mestizo de raza y cultura. Mi religiosidad está ligada a todo aquello que exprese lo nacional cubano; de manera que no podía soslayar en mis estudios la devoción a la advocación mariana de la Caridad del Cobre y sus orígenes.

¿Qué importancia le concedes al estudio de la Virgen dentro de la historia, la sociología y la antropología?

El estudio de la formación del culto popular a la Virgen de la Caridad del Cobre me permitía aplicar conocimientos teóricos de la Historiografía contemporánea y sus articulaciones con la Sociología y la Antropología, con la Historia de la Cultura. La aventura en el tratamiento de la Historia no radica solo en dedicarme a temas inexplorados, también reside en cómo aplicar nuevos métodos, sin esnobismos, claro está. El mito de la aparición de la imagen de la Virgen de la Caridad implicaba la búsqueda de los principios de su veneración y establecer diferentes momentos de elaboración en la leyenda; porque este era el más hermoso testimonio cultural de ese proceso integrador humano entre el indio, el africano y el español en nuestro archipiélago, cuyo resultado es el criollo de la isla de Cuba. Y como elaboración de conjunto, entre los humildes, mucho más bello que el tan debatido Espejo de Paciencia de Silvestre de Balboa.

La Virgen de la Caridad. Símbolo de cubanía, es un volumen editado, reeditado, próximamente reimpreso y siempre insuficiente. Coméntales a los lectores que no han tenido acceso a él.

Yo misma estoy asombrada de que este libro se haya editado en tres oportunidades (dos en Cuba y una en España) y que transite por la segunda reimpresión que será de diez mil ejemplares. Me hace feliz que muchos cubanos puedan tener acceso a su lectura y reflexionen sobre nuestros propios orígenes y el significado de ser cubano. Ahí radica el interés que ha despertado. Siempre que doy una conferencia sobre el tema, la asistencia de público es numerosa. Ojalá que todas las otras intervenciones que hago tuvieran ese público. Claro que las personas asisten porque tanto católicos, evangélicos como no creyentes se interesan por los fundamentos de la veneración a la cobrera, para mejor conocer por qué tiene esa difusión dentro de nuestro país.

El libro estudia la formación del culto a la Virgen del Cobre a lo largo de varios siglos y su extensión por todo el archipiélago cubano hasta convertirse en Patrona de Cuba. También explica por qué es un elemento de inspiración en todas las manifestaciones artísticas de la cultura cubana y su desempeño político. En mi relato no puedo prescindir de la historia de los cobreros y sus luchas de reivindicación para su libertad como colectividad, porque la expansión y significado del culto están íntimamente relacionados con el devenir de ese pueblo.

Imagino que tendrás muchas anécdotas que contar dentro del recorrido de búsquedas y hallazgos en diferentes archivos y sitios.

Las que más recuerdo están relacionadas con mi visita al Archivo General de Indias en Sevilla para esta investigación y las dificultades económicas, y de otra índole, que pasé mientras revisaba la documentación relacionada con el Real de Minas de Santiago del Prado. Hubo un día en que no sabía cómo iba a sobrevivir al siguiente, porque me quedaban cuarenta pesetas y, entonces, tuve la suerte de que un amigo de César García del Pino me ayudara para terminar mi trabajo. Siempre recuerdo al doctor Don José Llavador y Mira, prestigioso profesor de la Universidad de Sevilla –admirador de Cuba– con mucho respeto, porque sin él no hubiera podido hacer este libro. También a mi amiga Annie Baumgarth gracias a la cual pude finalmente partir de Sevilla y al matrimonio María Elena Orozco-Jean Lamore que me viabilizó el regreso a mi país. Claro que estaba empeñada en mi trabajo y soy obsesiva para la investigación, en la misma medida que penetro en sus misterios. Pienso que el breve tiempo me fue productivo. La verdad es que la recompensa ha sido tan grande que se olvidan o pierden importancia los agravios. Y siempre es así.

Para celebrar el cuatrocientos aniversario de la aparición de la imagen de la Virgen, la Virgen mambisa recorre campos y ciudades. Cubanos y cubanas salen de los lugares más insospechados en diferentes medios de transporte, de todas las edades y sexos. ¿A qué crees que se deban estas aglomeraciones inmensas?

Hay una devoción particular por la patrona de Cuba entre los católicos pero, como he dicho en mi libro, la Virgen del Cobre es un símbolo de cubanía, como la bandera, el himno y el escudo. Emblemática en la identidad del cubano, resulta un acontecimiento el recorrido de la Virgen mambisa. Por cierto, esta no es la que está en El Cobre sino aquella que tiene su lugar en el altar mayor de la iglesia auxiliar de Santo Tomás (Santiago de Cuba). Esta iglesia se halla situada en un barrio popular, de gran tradición en la lucha contra la dominación española (aquí nació Antonio Maceo) y contra la dictadura batistiana; creo que la imagen se ganó su sobrenombre de Mambisa por este motivo. Ella lleva los atributos que la cobrera ostentaba antes de la coronación de 1936 por el arzobispo Valentín Zubizarreta.

La Virgen de la Caridad ha sido siempre motivación en el arte cubano: las artes plásticas, la literatura, el cine. Al final del libro le dedicas unas páginas, ¿pero cómo has visto este fenómeno en los últimos tiempos?

Infinitos son los resultados en la cultura cubana inspirados en el amor por esta representación religiosa. Entre los artistas, católicos o no, se ha expresado a través de diferentes maneras, porque no se puede ignorar la trascendencia espiritual sobre el pueblo de Cuba de la Virgen de la Caridad (Cachita), la misma que me motivó a escribir el libro. Nicolás Guillén, por ejemplo, le hizo unas décimas porque le era imposible soslayar su papel en la subjetividad ciudadana. Fernando Ortiz durante la madurez de su labor etnológica estudió las esencias del culto a la Virgen de la Caridad. Así también su importancia en la política: percibida por Carlos Manuel de Céspedes cuando se prosterna ante la imagen mestiza para denotar sus propósitos de unidad entre los cubanos; la misma significación que a comienzos del siglo xx, le permite participar junto a Liborio, de una u otra manera, en las sátiras a la situación económica o a los políticos de la República.

Esto no va a interrumpirse mientras exista el pueblo de Cuba, porque cada vez que se quiere dar la imagen de lo cubano se expresa con la Virgen del Cobre y los tres Juanes. No por casualidad, ese notable ensayista cubano José Juan Arrom dejó dicho que los que iban en la barca representaban al pueblo de Cuba, idea que retoma Alejo Carpentier. El poeta León Estrada ha logrado reunir numerosos poemas dedicados a la Virgen del Cobre entre los cuales destacan los de El Cucalambé, Hilarión Cabrisas y el extraordinario de Emilio Ballagas.

Siempre me había motivado la inspiración en la Virgen del Cobre en la música popular por el sentimiento que reflejan las letras y quienes la interpretan. Ahora Bis Music ha grabado un cd con muchas de esas canciones, incluidas las más notables como “Mi veneración”, de Noemí Matos; “Virgen del Cobre”, de María Teresa Vera; Francisco Repilado con “Balcón de Oriente”; “Los tres Juanes” de Bienvenido Julián Gutiérrez. Algunas son muy recientes, como la de mi amigo Jesús Llanes, “Canto a la Caridad” y la hermosa composición del trovador José Aquiles, “Virgen de la esperanza”. Quién no recuerda la película La Virgen de la Caridad dirigida por Ramón Peón, y la presencia de una aparecida Virgen del Cobre y los tres Juanes en Fresa y Chocolate, o en la novelística a José Lezama Lima, en Paradiso, José Soler Puig en Bertillón 166 o En el cielo con diamantes,de Senel Paz; en la cuentística a Onelio Jorge Cardoso, Alfonso Hernández Catá y José Fernández Pequeño, junto a otros muchos. En cuanto a la obra pictórica prefiero no mencionar ningún autor, porque los más connotados han tenido un momento de inspiración dedicado a la Virgen del Cobre.

La Virgen muestra a mi juicio la unidad de todos los cubanos. Blancos, negros, hombres y mujeres. Dentro de Cuba, fuera de Cuba. La Virgen es para muchos amparo en medio del monte. Incluso su imagen se venera fuera de Cuba. ¿Podríamos afirmar que los cubanos la hemos llevado a todos los sitios a donde vamos o responderá a otro fenómeno?

Como hemos dicho la imagen es un símbolo de unidad de los cubanos y el santuario del Cobre un lugar imprescindible de reunión de éstos. La comunidad cubana en el exterior marca su hábitat erigiendo una ermita, cuando menos un altar en la iglesia de su residencia. Es la necesidad espiritual de esa colectividad que, en mi concepto, radica más en la fuerza demostrativa de identidad y en el inquebrantable apetito de defender la preservación de la misma. No es solo en Miami, donde hay una ermita muy bella junto al mar, está también en altares de otras partes de Estados Unidos, en varios lugares de España, de Venezuela, de Colombia, etc. Donde quiera que existan cubanos está la representación de la Virgen del Cobre y los tres Juanes para significar el poder de la idiosincrasia cubana. Sin embargo, el lugar de concurrencia por excelencia será siempre el anfiteatro montañoso de El Cobre, en el hondón de la tierra cubana.

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