Patrulla infernal, un clásico del cine bélico


Por Rodolfo Santovenia (Para Prensa Latina) *

Patrulla infernal, un clásico del cine bélicoPrimero apareció la novela de Humphrey Cobb y fue uno de los grandes éxitos de venta de 1935. Luego de algo más de dos décadas se rodó su versión para la pantalla. Y 50 años después es un indiscutible clásico del cine bélico.

El argumento se basa en un hecho real acaecido en la I Guerra Mundial, cuando una unidad francesa es acusada de cobardía durante el asalto a una posición alemana considerada inexpugnable.

Un general, que utiliza esta batalla para promover sus ambiciones de ascenso, sabe que la operación está condenada de antemano. Se produce el asalto y fracasa. Pero como la maquinaria militar exige chivos expiatorios que paguen por este baldón sobre el escudo de armas, se eligen tres soldados al azar y se les condena a muerte.

No obstante los esfuerzos de un coronel para que se anule la orden de ejecución, el código militar se cumple y los tres hombres son fusilados como corderos sacrificados en aras de la carnicería insensata de la guerra. El episodio es conocido históricamente como “los fusilados del Marne”.

Muchas veces se ha comparado a Patrulla infernal, de Stanley Kubrick, con Sin novedad en el frente, el gran filme que Lewis Milestone hizo en 1930. Es una comparación lógica. Ambos son despiadados en el detalle de sus campos de batalla. Ambos muestran la aberrante destrucción causada por la contienda. Y ambos destacan la desintegración física y moral de los que luchan.

Pero si para Milestone la única respuesta posible a la guerra es el pacifismo; si para él basta con denunciar el despilfarro de vidas jóvenes, Kubrick se acerca más al meollo del problema.

Así, presenta en toda su desnudez la injusticia, ambición, vanidad e incompetencia humanas. Ataca la mística militar que debe perpetuarse sea cual fuere el precio que debe pagar en vidas. Y lo más importante, muestra a un grupo de hombres explotados por otro grupo de hombres.

Los dos grupos llevan el mismo uniforme, sirven a la misma bandera y se encuentran en el mismo lado de la línea de combate. No se trata del pleito entre franceses y alemanes, sino del conflicto más profundo entre los altos mandos y la tropa.

Haya o no guerra las diferencias son ostensibles. Pero cuando las hostilidades estallan las desigualdades se amplían enormemente. El filme no es una protesta contra la guerra como tal, excepto por implicación. Más bien, es ilustración de la guerra como continuación de la lucha de clases.

Basta con examinar el título original de la cinta: Paths of glory (Caminos de gloria). Estos caminos de gloria a los que el título se refiere no son los que cruzan el campo de batalla. Son las avenidas de la autopromoción que los generales del mando toman con la indiferencia más absoluta hacia la suerte de los hombres en las trincheras.

Por cierto, míseras instalaciones que contrastan con el grandioso castillo que hace de cuartel general de campaña de los franceses, en el que brillan el orden y la elegancia. Con paredes cubiertas de espejos. Exquisitos mármoles. Escaleras palaciegas. Aureos adornos. Y ricos brocados y estilizadas mesas Luis XVI.

Este desastre táctico, esta ciega arrogancia, este desprecio total por la vida de los semejantes, fueron recogidos en un soberbio guión escrito entre Kubrick, Calder Willingham y Jim Thompson, el autor de novela  policiacas.

Y al llegar aquí, veremos que la comparación entre el libro de Cobb y el guión encierra cierto interés. Por ejemplo, la novela presentaba al comienzo a los tres soldados condenados y terminaba con el fusilamiento. Y la mayoría de las intrigas y connivencias de los altos oficiales Mireau (George Macready) y Broulard (Adolphe Menjou) no aparecen para nada en el texto de Cobb.

Además, el coronel Dax (Kirk Douglas) permanece en el trasfondo. No defiende a sus hombres durante el proceso. Ni amenaza con chantajear algeneral Mireau. Y de los tres soldados, uno es un taimado canalla, pero los otros dos son heroicos y sensibles.

El guión fue rechazado por todos los principales estudios de Hollywood hasta que Kirk Douglas aceptó actuar en el papel principal. Sus honorarios se elevaban a 350 mil dólares de un presupuesto total que no llegaba al millón. Pero sin una estrella de su magnitud habría habido muy pocas posibilidades de obtener financiaciamiento.

La película estuvo sin exhibirse en Francia hasta marzo de 1975 cuando fue estrenada en París, con 18 años de demora sobre su producción. Hecho que algunos críticos entendieron como una prohibición dispuesta por el gobierno galo para evitar un dato de desprestigio sobre su ejército.

Con el tiempo se supo que no hubo prohibición expresa, sino la puesta en práctica de una jugada maestra muy sutil, como fue una presión extraoficial de las autoridades sobre la empresa distribuidora Artistas Unidos para que la película no fuera presentada a la aprobación de la censura y así no verse precisados a prohibirla.

El gran mérito de Patrulla infernal es que Kubrick, al presentar un suceso del pasado, conjuga también el presente. El hecho denunciado no es excepcional, ni patológico o clínico, sino una conducta típica de una élite de poder, denunciada y condenada por la figura central, el coronel Dax.

Un personaje que debería pertenecer a dicha élite, pero que se opone resueltamente a ella. Como cuando le dice al general Broulard: “Puedo ser de todo, menos hijo suyo”. Pasado y presente. Más claro ni el agua.

*Historiador y crítico de cine. Autor del primer Diccionario de Cine
de América Latina.

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