La parodia


Por Rodolfo Santovenia

Parodia es la imitación burlesca de una cosa seria o que pretende serlo. Dos ejemplos significativos son las películas de Ben Turpin y de Mel Brooks. El primero en el cine mudo. Y el otro en el sonoro.
La mayor parte de los filmes de los comienzos de Turpin han desaparecido. Y de lo que rodó después se conservan algunos fragmentos apenas. Sin embargo, se sabe que desde 1918 hasta 1925, junto a Sennet, creó sus mejores obras.
Entre éstas se encuentran las parodias de filmes famosos. Cintas en las que interpreta a los personajes más célebres, convirtiéndolos en caricaturas e involucrando al mismo tiempo a quienes habían creado estos tipos.
Así, su Romeo parodia a Francis X. Bushman. Su Tarzán a Gene Pollar. Su jeque árabe a Rodolfo Valentino. Su militar prusiano a Von Stroheim. Y si al remedo de la película del italiano le ponen por título The Shriek of Araby, al del austríaco le nombran Three foolish weeks, mofa evidente de Foolish wives, estrenada dos años antes, en 1922.
Para esta última película, el célebre bizco se puso el mismo uniforme militar de casaca blanca y pantalones de montar, con gorra de plato. Además, se cortó el pelo y usó monóculo. Y como si fuera poco, llevó a sus extremos algunas de las geniales actitudes del discutido cineasta.
Como tuvo éxito, Turpin siguió adelante con la modalidad y muy pronto logró diferenciarse del resto de los cómicos con los que rivalizaba. Algo que el género agradeció, pues sus personajes paródicos sirvieron también para modificar las fórmulas estereotipadas que por aquel entonces se aplicaban.
En años más cercanos, uno de los destacados en la parodia ha sido Mel Brooks. Una delirante personalidad que parece llegó al cine para encarnar el mundo de la imitación y la caricatura.
Dispuesto siempre a burlarse de todo y de todos. Guionista, productor, actor y realizador, delimitar su personalidad es algo así como intentar apresar los haces multicolores de un fuego artificial cuando estalla en múltiples direcciones.
Primero lanzó sus dardos contra el mundo del espectáculo en Los productores, obra que le valiera un Oscar por el guión. Después se burló sin piedad del género western en Sillas de montar calientes. Y luego arremetió contra los mitos del cine de horror en El joven Frankestein, acaso su mejor parodia.
Extravagantes las tres, con un regusto de dibujo animado que hubiese sonado a hueco en otros tiempos, pero que en plena época del dinamismo cómico correspondía exactamente al gusto del momento.
El lema de Brooks es hacer reír. Como dijo en una entrevista: “No quiero ser el más filosófico. Ni el más profundo, sino el más divertido. Hacer reír a la gente es el medio más seguro para que le quieran a uno”.
Y como es de suponer, su personaje ideal lo creó para uso propio y hasta quienes lo califican de loco confiesan que su chifladura es consciente y muy inteligentemente utilizada.
Opinión compartida por dos de los actores que le acompañan en varias de sus demenciales películas: Gene Wilder, el de los cabellos rubios revueltos y la mirada azul claro. Y Marty Feldman, el de los ojos desorbitados, fanático él mismo de las parodias, pues hasta dirigió una: Mi apuesto legionario, caricatura de Beu Geste, de William Wellman.
En la modalidad se han producido, por supuesto, otros numerosos intentos y éxitos. Como la muy exitosa ¿Donde está el piloto?, de Jim Abrahams y David y Jerry Zucker, desternillante parodia del Aeropuerto, de George Seaton, basado en el best seller homónimo.
O las irreverentes y punzantes cintas de Leslie Nielsen, en las que ridiculiza a la ley y el orden en su lucha contra el crimen al presentarnos a un inspector de policía casi siempre torpe y todo el tiempo despistado.
Sin olvidar la inclinación que han tenido los grandes cómicos por la parodia. Como Chaplin, cuando rodó Carmen, acompañado por Edna Purviance. O Max Linder, al filmar Los tres mosqueteros, que Douglas Fairbanks había hecho el año anterior y en la que imitó afectuosamente al maestro de las acrobacias. E inclusive Buster Keaton, que filmó Las tres edades, extraída de Intolerancia, de Griffith.

* Historiador y crítico cubano de cine. Autor del primer diccionario de cine de América Latina.

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