El talentoso Peter O´Toole


Por Rodolfo Santovenia (Colaborador de Prensa Latina)

otoolePerfil de dios griego, ojos azules, boca severa y voz precisa y obsesiva. Más alto que lo normal y más talentoso que la mayoría. Respetado actor teatral, se convirtió rápidamente en astro del cine internacional. Si existiera un galardón para premiar al mejor intérprete irlandés de todos los tiempos sería uno de los principales favoritos.

Peter O’Toole (1932) encontró su primer empleo como mensajero de un periódico. Después intentó ser reportero. Pero tanto él como el editor llegaron a la conclusión de que no era una buena idea.

Permaneció dos años en la Marina Real británica. Pero allí tampoco las cosas fueron bien. Según diría años más tarde contaminó los siete mares con la aversión que cobrara su estómago al vaivén constante de la navegación.

Al terminar el servicio descubrió su vocación de actor. Solicitó una beca para la Academia Real de Arte Dramático y se puso a estudiar. Después consiguió trabajo en el Old Vic, de la ciudad de Bristol, compañía en la que interpretó numerosos papeles durante un lustro.

A fines de los años 50 fue aclamado por su actuación en El mercader de Venecia, y en La fierecilla domada, dos de las grandes comedias de William Shakespeare. Y gustó tanto que la crítica habló de él como de un futuro Lawrence Olivier.

Durante esa época debutó en el cine con un pequeño papel en Kidnapped, según la novela homónima de Robert Louis Stevenson. Una producción de los estudios Disney rodada en Inglaterra y que tenía como protagonista al eficiente Peter Finch.

Acto seguido filmó Los dientes del diablo, de Nicholas Ray. Una especie de contrapunto de la agitación febril e inútil del hombre frente a la impasible y eterna fuerza de la naturaleza, representada esta vez por las inmensidades polares, y mejoró de posición en el elenco que encabezaba Anthony Quinn.

Pero ya en su película siguiente, El día que robaron el Banco de Inglaterra, de John Guillermin, una meticulosa reconstrucción del legendario atraco perpetrado por los nacionalistas irlandeses del IRA, los protagonistas eran Aldo Ray y él.

El filme tuvo un éxito rotundo. Y O’Toole, después del triunfo, rechazó varias ofertas peliculeras para trabajar nuevamente en el teatro. Ahora en el mítico Stratford-on-Avon Memorial, en el que, luego de una clamorosa temporada, fue elogiado con el epíteto de “ídolo de la generación joven”.

Fue en esta misma época, sin embargo, cuando tuvo que tomar la decisión que orientaría definitivamente su carrera. El cine buscaba a un actor para interpretar el papel de Thomas Edward Lawrence, el hombre que concibió el proyecto de un imperio árabe bajo la influencia británica y apoyó la revuelta de los árabes contra los turcos durante la Primera Guerra Mundial.

Richard Burton, el primer elegido, se negó. Y luego Albert Finney hizo otro tanto. Pero el productor Sam Spiegel y el director David Lean hablaron con O’Toole y éste aceptó. La elección, es cierto, le separó en parte del mundo teatral. Pero no lo es menos hizo de él un astro mundial del cine.

Lawrence de Arabia ganó 7 premios Oscar incluido el de mejor película. Una versión restaurada en 1989 dio motivo a un reestreno ruidoso y a múltiples declaraciones de cineastas famosos. Entre ellas las de Steven Spielberg, que vió la versión original cuando tenía 15 años.

“El día anterior yo pensaba que quería ser cirujano. Al día siguiente supe que quería ser director de cine. Cuando quiero ver cómo eran entonces las grandes películas, veo Lawrence de Arabia”.

Posteriormente rodó Becket, de Peter Glenville. Una magnífica cinta que narra el enfrentamiento entre el arzobispo de Canterbury y el rey Enrique II de Inglaterra, a partir de la pieza del dramaturgo Jean Anouilh.

Fue otro triunfo desde el punto de vista crítico y taquillero. Pero otro filme que rodó cuando estaba atravesando una prolongada crisis de alcoholismo. Pues debe señalarse que en Lawrence de Arabia ya había generado algunos conflictos en medio de cientos de árabes abstemios.

Al año siguiente regresó a los escenarios a petición de Laurence Olivier para inaugurar el Nacional Theatre. Se le confió el papel de Hamlet. Pero fue un fracaso total y recibió un duro golpe. Casi de inmediato Richard Brooks lo solicitó para protagonizar Lord Jim. Partió hacia Camboya. Hizo el filme. Enfermó varias veces. Y retornó a Londres con muy mal aspecto.

Su carrera incluye muchos éxitos: Cómo robar un millón, de William Wyler, sofisticada comedia que filma junto a Audrey Hepburn. El león en invierno, de Anthony Harvey, ahora acompañado por Katherine Hepburn, acerca de los días en que el rey inglés Enrique II tiene que decidir sobre un posible sucesor.

La guerra de Murphy, de Peter Yates, relato de la desigual lucha entre un marino superviviente de un hundimiento y el sumergible causante de la tragedia. Amanecer Zulú, de Douglas Hickox, secuela del famoso clásico del cine de aventuras realizado tres lustros antes por Cy Enfield.

Poseedor de innatas virtudes interpretativas y de una nunca corregida tendencia a la sobreactuación, Peter O’Toole ha logrado triunfar como pocos en el teatro, el cine y la televisión, medios en los cuales todavía puede admirársele.

Con el tiempo, como es natural, su registro ha adquirido tonos crepusculares y en ocasiones hasta autoparódicos. Pero sigue siendo un genuino actor. Ha sido nominado al Oscar en ocho oportunidades pero sólo ha concretado uno honorífico. Por motivos de salud tuvo que renunciar al alcohol. Es una etapa de su vida que prefiere olvidar.

* Historiador y crítico cubano de cine. Autor del primer diccionario de cine de América Latina.

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