El perfeccionista Jack Nicholson


Por Rodolfo Santovenia *

nicholsonEscaso cabello, frente amplia, brillantes ojos grises, sonrisa maliciosa y una insolente desenvoltura. Actor consagrado, de personalidad compleja y propensión al exceso, Jack Nickolson (1937) pertenece a esa rara casta de intérpretes cuyo mito no viene acompañado de un físico llamativo y ni siquiera de un rostro atrayente o armonioso.

Desde el principio le interesó el cine. Muy joven, renuncia a cursar la enseñanza superior y entra en el departamento de dibujos animados de la Metro como recadero e inicia con entusiasmo un curso de arte dramático en el propio estudio.

Durante años trabajó en filmes de poca monta e incursionó en el policíaco, el melodrama y la película del oeste. Como El tiroteo, de Monte Hellman, una insólita obra, y Ride the Whirlwind, del mismo realizador, en la que Nicholson escribió también el guión.

Las dos se hicieron al unísono en el desierto de Utah, en el lapso de tres semanas, y el equipo técnico sólo contó con 10 hombres. Algo bastante habitual  para ambos cineastas, pues por esas fechas laboraban en la humilde productora Roger Corman, el artífice del baratillo cuyo nombre por derecho propio ocupa un lugar destacado en la historia del cine.

Su revelación ante el gran público se produjo a fines de los años 60 en la cinta Easy rider, de Dennis Hopper, en la cual encarna a un abogado adicto a la bebida, y en momentos en que contaba con una veintena de filmes, algunos como guionista o director.

Su inclusión en esta película fue un golpe de suerte, toda vez que el actor designado para interpretar al dipsómano letrado renunció bruscamente y Nicholson aceptó de inmediato reemplazarlo. Su trabajo gustó tanto que los críticos de Nueva York lo seleccionaron el mejor actor de reparto del año y obtuvo una de sus muchas nominaciones al Oscar.

Como la del año siguiente, cuando alcanzó otra candidatura en Five easy pieces, de Bob Rafelson, donde anima a un músico. O tres años después, en The last detail, de Hal Asbhy,  en que personifica a un marino de carrera. Y de inmediato Barrio Chino, de Román Polanski, caracterizado como detective privado, hasta acumular un total de 12 nominaciones, incluidas los tres premios por Atrapado sin salida, de Milos Forman, La fuerza del cariño, de James L. Brooks, y Mejor imposible, también de Brooks.

Gran trabajador e incurable perfeccionista,  Nicholson siempre ha estimado que el cine es un arte y que el buen cineasta debe ser un buen artesano.

De ahí que defienda la superación constante, el cuidado del detalle, y rechace la improvisación y la espontaneidad de de los no preparados. Y añada que siempre harán falta los actores profesionales, pues es a ellos a quienes incumbe la responsabilidad de mantener elevados los niveles de la profesión.

Y como no hablaba por hablar, sino que lo dice porque lo practica, basta recordar el rodaje de su famosísima película Atrapado sin salida, cuando se preparó minuciosamente para su papel de enfermo mental. O de simulador, ya que su personaje, para evitar la cárcel, finge la locura.

Durante dos semanas vivió en una institución mezclándose con cientos de enfermos. Compartió juegos, comidas, maneras de vivir con muchos que habían cometido asesinatos, violaciones y otras tropelías.

Vestido con la ropa reglamentaria, se familiarizó con los allí alojado (algunos de los cuales aparecen en el filme), que creyeron ver en él a uno de los suyos. Y para poder expresar mejor en la pantalla los efectos producidos por los electroshocks a los que son sometidos los enfermos, asistió a sesiones de aplicación de esa terapéutica.

Mientras duró la filmación asumió su papel con tanta convicción que, en ocasiones, llegó a preguntarse si no se había vuelto loco realmente. Y hasta su amiga Angelica Huston, que lo visitaba, al cabo de unos días dejó de hacerlo, pues estaba convencida de que Nicholson ya no era normal.

Para Bob Rafelson, que lo ha dirigido en una decena de filmes, como El cartero llama dos veces y Sangre y vino, Nicholson es el actor más inteligente y corajudo que jamás haya visto en su vida, además de poseer una enorme curiosidad intelectual y gran sentido de la ironía.

Y para subrayar lo meticuloso se su trabajo, señala , por ejemplo, el toque de convicción que el intérprete le agregó a su personaje en la última versión de la novela de Caín cuando, para dar a su papel mayor veracidad y se apreciara el tipo de hombre con que se había relacionado la bella Jessica Lange, se puso grasa debajo de las uñas a fin de que se vieran bien mugrientas.

Desde hace años, Nicholson es una gran figura de la pantalla y como tal disfrutaba de una autoridad muy particular en la organización de los filmes que protagoniza.

Por ejemplo, si hay que hacer algún cambio en el guión, él lo tiene que aprobaro. Y si los arreglos no le satisfacen, el realizador tendrá que buscarse otro guionista. Igualmente, si hay que contratar a otros actores para el elenco, una vez confeccionado este, él debe autorizarlo.

Sin embargo, su fabuloso éxito no ha hecho mella en su natural sencillez. “Actué durante 10 años”, dice- y fui siempre un perfecto desconocido a quien nadie prestaba atención. Me decían que tenía talento pero que nunca haría una carrera. Y he ahí que después me elevan hasta el número uno. Esto es algo que nunca debe olvidarse si se quiere tener los pies en la tierra”

* Historiador y crítico cubano de cine. Autor del primer diccionario de cine de América Latina.
(Colaborador de Prensa Latina)

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One Comment to “El perfeccionista Jack Nicholson”

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