El controvertido Frank Sinatra


sinatraPor Rodolfo Santovenia (Colaborador de Prensa Latina) * (PL) A lo largo de su carrera mereció todos los superlativos. Unos lo enaltecían. Y otros lo denigraban. Así, fue considerado como superiori cantante, excelente bailarín, campeón de ventas de discos e inmejorable animador de cabaret. Pero, también, como hombre colérico, pendenciero y aficionado a reuniones de gangsters y vagos profesionales, con quienes mantuvo una singular relación durante toda su vida. Al principio Frank Sinatra (1915-1998) fue un joven esmirriado y sin atractivos físicos que cantaba para las pepillas que vivían en Hoboken, New Jersey, un barrio que tenía el orgullo de haber producido varias figuras del mundo del hampa. En las estaciones locales de radio cantaba por nada. Y en los bailes por casi nada. Hasta que logró trabajar en una covacha con aspecto de cabaret por 15 dólares a la semana. Muy pronto, los periodistas locales comenzaron a tirarle dardos. Uno dijo que cuando entraba en escena su rostro recordaba a un trapo mojado. Otro, que su pecho parecía hundirse bajo los rellenos enormes de las hombreras. Y no faltó quien escribiera que miraba al auditorio con el aire desconsolado de un gitano a quien acaban de robarle el caballo. Su voz la comparan algunos con un terciopelo gastado. Otros, con la palma de la mano untada con crema de belleza. Pero lo cierto es que el joven se sirve de su aliento con fines dramáticos y sabe respirar en medio de una nota. Estaba convencido de que si quería triunfar necesitaría que alguien le ayudase. Pero alguien que tuviera contactos en las cadenas de radio. Tal persona no apareció. Pero, cantando con la orquesta de Harry Arden en un pequeño hotel, en un espectáculo nocturno, su actuación estuvo en el aire en Nueva York en una humilde emisora todas las noches, y la leyenda comenzó. El camino del triunfo se lo debió al músico Tommy Dorsey, quien le dijo que al único cantante que debía escuchar era a Bing Crosby, pues a éste sólo le importaban las palabras y eso debía ser también lo importante para él. Tiempo después admitiría que su estilo nació tratando de hacer con su voz lo que Dorsey hacía con el trombón. Su primera aparición en el cine se produjo en Las vegas Nights, con la orquesta de Dorsey. Y su debut como actor en Higher and Higher, cinta en la que le acompañan la francesa Michele Morgan, el actor Jack Haley y el cómico Leon Errol. Cuando abandona la RKO y pasa a la MGM tiene la inmensa fortuna de trabajar con Gene Kelly. Y no lo hace mal en aquellas tres comedias musicales en que le tocó intervenir entonces: Leven anclas, Un día en Nueva York y La linda dictadora. Es cierto que no era apuesto. Tenía la cara trazada por huesos. Y parecía la radiografía del famoso bailarín. Pero gustaba y arrastraba su osamenta con naturalidad y hasta con simpatía. Al respecto, Sinatra diría más tarde: “Kelly tuvo la paciencia de Job para hacer de mía un bailarín correcto ante las cámaras. Me enseñó todo lo que yo necesitaba saber. En esa época solamente sabía andar y con él aprendí a bailar, incluso llevando un micrófono en la mano, un esmoquin y unos zapatos de charol. Y de pronto fui una estrella. Y una de las razones por las cuales yo conseguí eso fue gracias a Gene Kelly”. De repente, un día, oyó que buscaban a un intérprete para el papel del soldado Maggio, en la cinta De aquí a la eternidad, basada en un libro de mucho éxito escrito por James Jones. Su prestigio mundial todavía no había sido consolidado. Sus filmes para la MGM eran puro entretenimiento. Y nadie apostaba por su calidad como actor. Sin embargo, Sinatra estaba seguro de que el papel sería para él. Para obtenerlo se batió como una fiera. Aceptó todas las pruebas y condiciones. Incluso estaba dispuesto a cometer el peor pecad en que puede caerse en Hollywood: trabajar por casi nada. El rodaje duró ocho semanas. Pero la cinta no se pudo estrenar de inmediato porque debió enfrentar presiones morales, políticas y militares, toda vez que mostraba la conducta disoluta de soldados norteamericanos, incluidos adulterio y muerte, y la censura permanecía intacta todavía. Como se sabe, Sinatra ganó el Oscar de actuación secundaria. Sin cantar, dio su nota más alta. Mostró que era un actor capaz de pasar a primer plano con su condición innata: la sinceridad. Lo que vino después es historia. Rompió con la casa disquera que lo representaba, porque “no lo dejaban cantar como quería”, y firmó contrato con otra. Su volumen de voz había disminuido, pero sus interpretaciones mejoraron en intensidad emotiva. También iniciaría una gran labor dramática en el cine. Epoca en la que filma cintas como No serás un extraño, sobre la profesión médica; Ellas y ellos, comedia musica en la que comparte reparto con Marlon Brando; El hombre del brazo de oro, historia de un jugador de cartas atrapado por la droga; Alta sociedad, remake de un clásico hecho por Cukor años antes; y Sus dos cariños, donde le acompañan Rita Hayworth y Kim Novak. Y más adelante, filmes de éxito al estilo de Can Can, según el musical de Cole Porter; La cuadrilla de los once, comedia que nos habla de un grupo de 11 ladrones; El mensajero del miedo, acerca de un asesinato político; El detective, un magnífico policíaco; y Acoso sin piedad, primera película suya después de 10 años de ausencia. Baladista de los más brillantes, cantante con un natural sentido de la síncopa y la afinación, actor destacado en más de 60 filmes, figura polémica y controvertida, Frank Sinatra quedará en la historia del mundo del espectáculo como una verdadera leyenda que nadie podrá ignorar. De sus contactos con el hampa se ha hablado mucho. Y de sus viajes a Cuba hay uno a propósito que sus biógrafos siempre mencionan. Es el que realizó a La Habana, en 1947, acompañado de los gangsters Rocco y Joe Fischetti, para celebrar una entrevista con Lucky Luciano, en aquel entonces huésped de la capital cubana. El cantante-actor portaba por todo equipaje una valija en mano en la que venían dos millones de dólares, en billetes, que el sindicato del crimen neoyorkino enviaba al capo mafioso para gastos de bolsillo durante su próximo viaje a Italia. Las primicias de esta noticia las publicó años después un columnista del diario Daily Mirror, de Nueva York, quien añadía demás que cuando la policía italiana efectuó un registro en el apartamento de Luciano, encontró una pitillera de oro macizo con la siguiente inscripción: “A mi querido compañero Lucky, de su amigo Frank Sinatra”.

*Historiador y crítico de cine. Autor del Diccionario de Cine de América Latina.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: