Dino Risi: Maestro de la comedia italiana


Por Rodolfo Santovenia

El realizador Dino Risi (1916-2008), dueño de una generosa filmografía, trató de hacer mayormente, si no crítica, pintura social y de costumbres a través de diversos tipos y casos, siempre inmersos en su ambiente, porque de lo contrario hubieran perdido su valor sociológico.

Y lo hacía conforme a un sentido que tenía reminiscencias neorrealistas. Así, los fondos dramáticos, e incluso patéticos de sus criaturas, se atenuaban con un toque de humor, pinceladas cómicas o pequeñas dosis festivas.

Y cada vez que se tomó en serio, como en La sorpresa y en Los monstruos, alcanzó a definirse como lo que era: un humorista invadido por la ternura. Un decidido partidario de los tristes y los ridículos, a quienes no espera nada más allá del reino de este mundo. Aunque es cierto, también, que en otras ocasiones prefirió aceptar la tosquedad y la patanería como una manera de capitalizarse. Accedió a desvalorizar a su público. A no plantearse otro trabajo que la facilidad del menor esfuerzo.

Cineasta talentoso, con singular sentido del humor y la ironía, Risi no sólo pone en solfa las costumbres de la sociedad contemporánea, y muy especialmente la suya propia, sino que lo hace utilizando a la vez un elemento poco común: la ternura.

Sus personajes, creados a menudo con la colaboración de los guionistas Age y Scarpeli, no son vistos feroz y despiadadamente, aunque a veces lo parezca. Su mirada siempre es capaz de encontrar en ellos el móvil humano. Esa sensación entrañable que los dignifica y libera de convertirse en meras caricaturas.

Risi, nacido en Milán, era médico. Pero, lo mismo que había ocurrido a otros dos inseparables amigos suyos, también realizadores de primerísimo rango, Alberto Lattuada y Luigi Comencini, que eran arquitectos, pronto se vio atrapado por el cine.

Sus inicios hay que buscarlos como ayudante de dirección de Mario Soldati, y en la realización de algunos documentales. Actividad última en la que eran evidentes ya las cualidades que le habían de revelar más tarde. Como un vivo interés por las cosas más que por los paisajes; una habilidad en poner de relieve la nota pintoresca; y una destreza en plasmar en pocas imágenes la psicología de un personaje.

Debutó, en 1951, con un filme interpretado mayormente por jóvenes. Una buena película, pero que el público demostró poco interés por ella. Chasco que se repetiría en su segundo largometraje, La avenida de la esperanza, que tampoco tuvo éxito.

Sin embargo, muy pronto empieza a adquirir notoriedad. Primero, con el episodio que dirige en Amor en la ciudad. Y, poco después, con El signo de Venus, un filme costumbrista protagonizado por Sofía Loren y Vittorio de Sica.

El primer éxito de importancia lo obtiene con una obra de bajo costo e intérpretes desconocidos: Pobres, pero guapos, que inaugura una larga serie de pintorescos y divertidos bocetos romanescos, realizados de manera espontánea y con un desenfadado matiz popular. Y a los que dan cima Bellas, pero pobres, que corona su fácil narrativa y agilidad mental.  La atención asidua de la prensa y de la crítica internacional le llega con El viudo. Y su obra más ambiciosa, por estos años, resulta Una vida difícil, interpretada por Alberto Sordi, donde la voluntad de análisis del carácter nacional está motivada por un discurso de alcance histórico e ideológico, aunque mezclado con notas irónicas y grotescas.

A continuación rodó lo que en su carrera constituye “el momento mágico”. Una meta de gran prestigio. La cinta que pone de relieve, como nunca hasta ahora, sus cualidades más destacadas: La sorpresa, protagonizada por el gran Vittorio Gassman.

Un tempestivo documento humano, sociológico y de costumbres de un país. Una eficaz historia de personajes ricos en características emblemáticas. Unos “tipos” capaces de expresar los estados de ánimo. Las veleidades. Los problemas. La inmadurez psicológica. En fin, la juventud de un bien determinado hombre-masa de los años 60.

En ocasiones, Risi abordó la crítica social. Por ejemplo, En nombre del pueblo italiano, historia de un juez (Ugo Tognazzi) que persigue y acosa a un poderoso industrial (Vittorio Gassman) vinculado con la muerte misteriosa de una joven asesinada.

El filme pretende hacer una crítica severa al funcionamiento del sistema judicial del país. Según el discurso fílmico articulado, los poderosos escapan siempre a la justicia porque siempre consiguen una coartada para burlar la ley.    Pero lo que Risi critica no es el aparato de justicia mismo, que es intocable, sino los abusos que se cometen a favor de la clase dominante. Risi, es cierto, señala los excesos de la burguesía industrial. Pero su crítica se queda en la periferia del fenómeno. Sus acusaciones no se dirigen al sistema, sino a sus desviaciones, a sus errores.

Dino Risi fue, por encima de todo, un maestro de la comedia italiana. Lo suyo era el relato jocoso de las costumbres. La práctica de un género en el que resulta imprescindible mantener el equilibrio. Si algo comienza a tornarse serio o demasiado emotivo, aplicar de inmediato el toque disparatado. Si se cargan las tintas en la burla y la ironía, procurar que un noble sentimiento aparezca para que todo vuelva a la normalidad.

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