La fundación de un idioma


Por Lisandro Otero (Colaborador de Prensa Latina)*

En los tiempos iniciales del Cristianismo las peregrinaciones se pusieron de moda. Grupos de creyentes emprendían el camino a Roma, a Santiago de Compostela, a Jerusalén y a Canterbury, catedral donde fue asesinado el Arzobispo Thomas Beckett.

Debían mendigar sus alimentos y rogar por su alojamiento. Usualmente iban en grupos a expiar sus culpas y a ponerse a bien con Dios. Se compraban indulgencias y se cubrían de insignias para demostrar donde habían estado, como las maletas de los turistas modernos.

En Inglaterra una de estas expediciones fue recogida literariamente por Geoffrey Chaucer, en lo que constituye la primera pieza del patrimonio letrado del idioma inglés: Los cuentos de Canterbury.  Cumplió para esa lengua el mismo papel del Roman de la Rose para el francés y el Quijote para el español, o el de La Divina Comedia para el italiano.

En el siglo V había cesado la autoridad romana y los anglos y los sajones se habían repartido el territorio. En el siglo VII había siete reinos diversos, la mitad sajones y la otra mitad anglos, que
frecuentemente guerreaban entre sí. A partir del siglo VIII comenzaron las incursiones de los vikingos.

Finalmente los sajones predominaron y absorbieron a los anglos. Los vikingos establecieron un reino en el norte. Los sajones los desalojaron y en el año 954 ya constituian un estado casi unificado. Pero había
tres pretendientes: Hadrada de Noruega, Harold II y Guillermo de Normandía.

En el siglo XI el rey Eduardo, el Confesor, rey sajón, nombró sucesor a Guillermo de Normandía, quien invadió la isla en 1066,  derrotó al príncipe sajón Harold II, en la batalla de Hastings y se coronó rey de
Inglaterra. Con él vino la élite de los normandos y en la corte se hablaba en francés pero el pueblo hablaba una mezcla de anglo y sajón, y en los textos oficiales y académicos, y en los libros sagrados, predominaba el latín.

Los cuentos de Canterbury son una serie de 24 narraciones, muchas de las cuales constituyen versiones de relatos del Decamerón de Bocaccio. Con los años las romerías fueron convirtiéndose en regocijantes
excursiones. En la obra de Chaucer un grupo de veintinueve peregrinos se reúne en la Posada del Tabardo y relatan sus vivencias personales, que tienen más de jubilosa picaresca que de sana devoción cristiana.

En el corrillo hay caballeros, mercaderes, marinos, molineros y juristas y cada uno relata sus experiencias. Con ello Chaucer hizo un retrato social de su época. Su fascinación con la gente común, su interés por las usanzas populares, le llevaron a trazar ese panel de un período.

Chaucer conocía el francés y llegó a realizar una traducción del Roman de la Rose. También dominaba el latín y el italiano. Pertenecía a una familia acomodada, su padre era vinicultor y también curtidor. Su
apellido venía del francés “chaussier”, fabricante de zapatos.

La prominencia de su padre le ayudó a entrar como paje en la corte de Eduardo III y se casó con una de las damas de compañía de la Reina. Lo enviaron en misiones diplomáticas a Francia, Italia, España y Flandes. Su carrera como funcionario público le llevó a ser el Jefe de la Aduana del Puerto de Londres.

El rey Eduardo le hizo importantes gratificaciones monetarias, sobre todo después que en una misión negociadora ante los genoveses obtuvo un cuantioso préstamo para la corona  inglesa.

Chaucer nunca llegó a terminar su obra y cuando murió en el año de 1400 aún le faltaba mucha escritura por materializar. Fue el primer poeta en usar el inglés posnormando, el idioma que se hablaba en la ciudad de Londres por el pueblo llano. Después, Shakespeare nos enseñó a entender la naturaleza humana, como afirma Harold Bloom, con la mejor prosa y la mejor poesía que es posible escribir en cualquier lengua.

Con su fuerza cognitiva pensó de manera más original y nos entregó con pasión y emotividad, pero también con racionalidad un vasto universo de caracteres que constituyen un universo representativo de la humanidad toda. Con eso concluyó en la época isabelina la obra fundacional de Chaucer, considerada como la inauguración de la literatura inglesa.

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