Gertrude Stein: La revolución inconclusa


La revolución inconclusaPor Lisandro Otero (Colaborador de Prensa Latina) *

Todos los movimientos de vanguardia se han caracterizado por sus  intentos de destruir el orden establecido e instaurar uno nuevo. Algunos han logrado su propósito porque han tenido patronos y benefactores que han auspiciado la innovación y también gracias al talento de sus integrantes.

Uno de estos experimentos fue el impresionismo, seguido del cubismo que tuvieron en la culta judía norteamericana, Gertrude Stein, a un inteligente mecenas, que trató de impulsar las nuevas escuelas  artísticas invirtiendo dinero en los cuadros de los nuevos y desconocidos artistas.

Trató, además, de hacer una nueva literatura en la cual cambiaran las convenciones narrativas. Para ella la forma y el lenguaje tenían más importancia que el argumento y el carácter. Despreciaba la gramática y la sintaxis. Y gustaba crear cierto ritmo interior mediante la repetición de palabras y frases.

Mabel Dodge, una de sus amantes, escribió que en su prosa había cierta cadencia que leída en alta voz podía oírse como una música sensual y, si se dejaba dormir la razón y el apetito de significados, se
experimentaba una gradual y ascendente fascinación con aquel  vocabulario, escaso y monótono según sus enemigos.

James Thurber dijo que Stein era la más eminente de las idiotas que había logrado el milagro de escribir 80 mil palabras sin decir absolutamente nada. Eran los tiempos en que James Joyce y Ezra Pound intentaban una revolución del lenguaje, muy diferente, que dejó una huella trascendental, en tanto que los intentos de Stein fueron una revolución inconclusa.

En 1903 se mudó a París con su hermano Leo, también interesado en el arte. Como provenía de una opulenta familia judío-alemana, con inversiones en ferrocarriles, tranvías y propiedad inmobiliaria, pudo acopiar una excelente colección de obras de Picasso, Matisse, Braque, Derain, Gris, Gauguin, Renoir, Toulouse-Lautrec, Rousseau y Cezanne. Ambos Stein se asesoraban con el autorizado crítico Bernard Berenson y el marchand Ambroise Vollard.

Su apartamento, en el 27 de la Rue de Fleurus, se convirtió en un paraje obligado de la vanguardia y sus tertulias periódicas fueron un sitial consagratorio de quién era quién y un símbolo de status. A algunos de los pintores antes mencionados se unían escritores como Apollinaire, Ezra Pound, Max Jacob, Hemingway y Sherwood Anderson.

Era la reina de la bohemia vanguardista parisina.

Vivió con su hermano Leo hasta que la conciencia creciente de su  masculinidad la llevó a establecerse con su pareja Alice B. Toklas, a quien conoció en 1907. En 1908 llevó a Alice al atelier de Picasso para
hacer su presentación social; éste se encontraba pintando el cuadro paradigmático Las señoritas de Avignon.

Fue Stein la inventora y difusora del término gay para designar a los homosexuales. Al año siguiente escribió su conocida obra La fabricación de americanos. Mediando los años treinta publicó su más famosa y exitosa memoria, la Autobiografía de Alice B. Toklas, que le produjo ingresos propios, y con sus derechos de autor ya no le fueron indispensables las rentas de su familia.

Cuando estalló la I Guerra Mundial se ofreció como chofer de la Cruz Roja y condujo abastos médicos a los hospitales franceses. Por ello recibió más tarde una condecoración. Al comenzar el nazismo en  Alemania se declaró simpatizante de Hitler a quien propuso, por escrito, para el Premio Nobel de la Paz por eliminar a judíos y comunistas, los dos elementos conflictivos, según ella, en la sociedad germana.

Cuando estalló la II Guerra Mundial, pensó en la posibilidad de regresar a Estados Unidos pero decidió quedarse en una casa que,  tenía desde hacía años, en los Alpes Franceses. En febrero de 1943 fue advertida de su inminente arresto, al día siguiente. Acudió a su amigo Bernard Fay, muy bien conectado con el régimen de Petain y la Gestapo, quien se ocupó de que no la molestaran nunca más.

A Gertrude la irritaban por igual Trotsky, Franco y Roosevelt.  Cuando un amigo le envió un cargamento de maíz de Estados Unidos para aliviar las carestías de la guerra, le pidió que no lo compartiera con ningún fascista. Stein devolvió el cargamento con un ruego al remitente solicitando le enviase maíz no politizado.

Al terminar la guerra, Fay fue condenado a cadena perpetua y Alice  proporcionó el dinero para organizar su fuga de la prisión, en 1951, vendiendo un Picasso de la colección que había heredado de Gertrude, quien murió en 1946 de un cáncer de estómago. Sus últimas palabras fueron para Alice, cuando ingresaba en el salón de operaciones: “¿Cuál es la respuesta?”. Como Alice permaneció callada le dijo. “¿Entonces cuál es la pregunta?”.  Fue enterrada en el cementerio de Pere Lachaise,
en París.

*Escritor y periodista. Director de la Academia Cubana de la Lengua.

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