Frida Kahlo: espero que la marcha sea feliz


Por Gabriela Guerra Rey

frida_kahloMéxico.- “Su obra es ácida y tierna, dura como el acero, y fina como el ala de una mariposa, amable como una sonrisa y cruel como la amargura de la Vida”, dijo Diego Rivera de su alumna, esposa y amante Frida Kalho.

Yo no creo que ninguna mujer haya plasmado jamás tan angustiosa poesía en un lienzo, aseveró quien la amó hasta el momento de la muerte, tras una existencia de sufrimientos y entereza, acosada por enfermedades y tragedias.

La respuesta de Frida figura en la recámara de visitantes de su Casa Azul de Coyoacán: “Jamás en toda la vida olvidaré tu presencia, me acogiste destrozada y me devolviste íntegra, entera.”

Al matrimonio con el prestigioso muralista lo llamaban la unión entre un elefante y una paloma, pues Diego era enorme y obeso. Ella pequeña y delgada.

Obsesionada vivió Frida con el accidente que sufrió en la juventud, con la ausencia de la maternidad, con las causas justas, con sus convicciones, con una pintura reveladora de la realidad mexicana y de la suya propia, con la vida que se le iba agotando.

Nació en 1907, en esa Casa Azul que guarda su mito, pero decía haber llegado a la vida en 1910, año de la Revolución Mexicana.  Desde la infancia se caracterizó por un profundo sentido de la independencia y la rebeldía contra los hábitos sociales y morales ordinarios, movida por la pasión y la sensualidad.

Orgullosa de su mexicanismo y de su tradición cultural, se enfrentó a la penetración de las costumbres estadounidenses, todo ello mezclado con un peculiar sentido del humor.

Uno de sus rasgos distintivos fue sus vestiduras a la usanza de las zapotecas del Istmo de Tehuantepec,  estilo que convirtió en el arquetipo de su identidad indígena.  Dicen que fue Diego quien le propuso vestir a la mexicana manera, con piezas tradicionales y joyas autóctonas.

Estuvo marcada por el sufrimiento físico que comenzó con la poliomielitis contraída en 1913 y continuó con diversas enfermedades, lesiones, accidentes y operaciones.

A lo largo de su existencia sufrió 32 intervenciones quirúrgicas luego de la barra interior de un ómnibus le destrozara, en la adolescencia, varios huesos imprescindibles para el sostén, como el cuello y la columna vertebral.

Sin embargo, eso no limitó su imagen como mito, o quizás hasta lo impulsó. Hoy día se practica incluso el Kahloismo, conocido entre los jóvenes como la religión que idolatra a Frida Kahlo como única Diosa verdadera.

Se dice que la Casa Azul es el lugar donde los objetos personales revelan el universo íntimo de la artista latinoamericana más reconocida a nivel mundial.   Allí, en su bella casa de Coyoacán, en uno de los barrios periféricos más antiguos de la Ciudad de México,  se abrieron en 2004 los baños tapiados de Diego Rivera y Frida Kalho.

Durante casi tres años un grupo de especialistas ordenó, clasificó y digitalizó  22 mil documentos, seis mil 500 fotografías, tres mil 874 revistas y publicaciones, dos mil 170 libros, decenas de dibujos, objetos personales, vestidos, corsés, medicinas, juguetes.

Sin dudas, dijo la crítica entonces, Frida sigue sorprendiéndonos.

En ese espacio donde nació, también murió la artista, aunque fue velada en el capitalino Palacio de Bellas Artes y su féretro  cubierto con la bandera del Partido Comunista mexicano. Su cuerpo incinerado permanece en Coyoacán, junto a los objetos de su vida.

Las últimas palabras de su diario fueron: “Espero que la marcha sea feliz y espero no volver jamás”.

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