Dizzy Gillespie, sus vínculos con Cuba


Por Rafael Lam (Colaborador de Prensa Latina) *

Dizzy Gillespie es uno de los paladines del cubop y figura relevante
del jazz latino y moderno, imprescindible en la música estadounidense y
americana. Fue un amante de la música de origen africano, por su raíz
negra, de ahí su marcado interés por la música cubana en la que sabía
radicaba la esencia de los ritmos contemporáneos.

Participó, desde inicios de la década de 1940, en descargas con Mario
Bauzá y Noro Morales, Alberto Iznaga. Trabajó en la orquesta de Alberto
Socarrás y se sentaba a tocar con la banda de Machito y los
Afrocubans.

Analizaba la fructífera fusión, que revitalizó ambas músicas. Cuando
apareció el jazz latino, ofreció su aporte, se entusiasmó con que
nuestra música cubana penetrara en los prestigiosos salones de Maniatan,
especialmente el Palladium.

Cuando Chano Pozo apareció en New York en 1946, Dizzy Gillespie
comprendió que había llegado a su tierra lo que faltaba a la música
estadounidense, el ritmo afrocubano. Juntos, Chano y Dizzy, ofrecieron
conciertos espectaculares en el Carnegie Hall, en el Town Hall, en el Afro-Cuban
Drums Suite y otros prestigiosos salones de la aristocracia.

Juntos crearon obras inmortales como Algo bueno y Manteca. Esta última
impuso un estilo cubano en New York, con el poderío rítmico de Cuba,
con los patrones de los toques de la tumbadora del indomable Chano.
Manteca crea una atmósfera de atracción hacia lo cubano, logra un éxito
instantáneo que hizo época, abriendo un nuevo camino de la música
contemporánea, según el especialista Raúl Fernández.

Con la conga amarrada al hombro, Chano tocaba, bailaba y entonaba
melodías en lucumí (lengua yoruba) y abakua, de las sociedades secretas,
que estremecieron a los refinados salones y a los diletantes musicales en
New York. Los tambores y cantos de Chano se pueden escuchar en las
grabaciones de Gillespie.

Con los aportes de Mario Bauzá, Machito y los Afrocubans y los músicos
cubanos, Dizzy enriqueció el bebop, junto a los aportes de Charlie
Parker y Thelonius Monk. Los estadounidenses sabían que el “motor sonoro”
cubano aportaba a la música estadounidense y americana “la fuerza de
los tumbaos, montunos y coros sabrosos” que alimentan a medio mundo.

“Cuando empezamos a tocar cosas con sabor latino -revela Al McKibbon-
en el grupo de Dizzy Gillespie ocurrió una especie de magia…, cosas
como Wood´n you night in Tunisia, eran maravillosas con las congas. Y
cuando tocamos Cubano Be, Cubano Bop y Manteca en el Apollo creí que la
platea alta se iba a caer (…) porque Chano realmente estuvo
fenomenal.”

Con ese interés de siempre, Dizzy Gillespie, junto a otras estrellas
del jazz, visitan inesperadamente a La Habana por vez primera en 1977,
viajaron en el crucero turístico y jazzístico “Daphane” que traía también
a Stan Gets con la pianista Jo Anne Brackeen, el baterista Bill Hart,
y contó con la colaboración de David Amram y Ray Mantilla; Earl Hines,
David Amram, Ray Mantilla, el soberbio pianista Fatha Hines con su
grupo, junto al saxo y clarinetista Rudy Rutherford, el bajista Johnn Orr,
el baterista Eddie Graham y los cantantes Marva Josie y Ry Cooder. La
visita tomó por sorpresa a todos.

Según datos de Leonardo Acosta, Dizzy contaba con el guitarrista
Rodney Jones, el bajista Ben Brown, el baterista Mickey Roker y el timbalero
Joe Ham. Después reforzaron con Ray Mantilla en la tumbadora y David
Amram en cualquier instrumento.

David Amram presentó una obra titulada “Memorian to Chano Pozo”, David
se lució tocando el piano, guitarra, xilófono, trompa, percusión y
distintos tipos de flauta. El concierto concluyó con Irakere tocando junto
con Amram, Dizzy, Stan Getz y otros. Por supuesto, la pieza que sirvió
de base a esta jam session fue el clásico “Manteca” de Chano y Dizzy,
en un concierto dedicado al tamborero cubano.

La década de 1970 no fue de las más afortunadas de la música cubana,
en el siglo XX, problemas con el bloqueo de la industria de la música
capitalista, el fenómeno de la avalancha del pop electrónico de la
galaxia eléctrica que arrinconó las músicas nacionales, la falta de fisonomía
en la nueva música cubana y alguna que otra incomprensión en torno a
las modas musicales, lastraron aquella década un poco imprecisa.

De repente aparece en La Habana esta amplia representación  de músicos
de jazz estadounidenses, muchos de ellos verdaderos clásicos.

Los visitantes se reunieron en una descarga informal con jazzistas s
del grupo Irakere, en el cabaret Caribe del hotel Habana Libre. Desde
ese primer encuentro quedaron sorprendidos con el alto nivel jazzístico
de los jóvenes cubanos.

Por la noche se presentaron en el teatro Mella en El Vedado.

La visita fue positiva para el jazz cubano. Las opiniones de músicos y
críticos visitantes sin duda influyeron para que se invitara a Irakere
al Festival de Newport de 1978, donde obtuvieron rotundo éxito y una
promoción nunca antes prodigada a un grupo de jazz residente en Cuba,
apunta el investigador Leonardo Acosta.

Junto a los músicos asistieron a la histórica velada el historiador y
crítico Leonard Feather, de la revista “Down Beat”; mientras que Arnold
Jay Smith efectuó una reseña del viaje resaltando que la música
mostraba una vez más que era un lenguaje común.

“Existe una hermandad en la música -señaló- que como el amor no
necesita traducción, sino simplemente improvisación”. (“Down Beat”, Chicago,
11 de agosto de 1977). Del encuentro en Cuba quedó una rústica
grabación extraviada hasta el presente.

Tanto Dizzy como Stan Kenton, desde 1948 expresaron: “Realmente los
cubanos tocan la música más excitante, nosotros no los copiamos
exactamente, pero copiaremos algunos de sus métodos y los aplicaremos a lo que
estamos tratando de hacer”. Cuando, en 1977, ellos llegan interesados
por la nueva música cubana, buscaban seguramente esa herencia que, desde
la década de 1940, asumieron para siempre.

En 1978, en una atmósfera más propicia, se organiza en Cuba el
Encuentro Cuba-USA (Havana Jam) entre músicos estadounidenses y cubanos, que
hizo historia. Comenzaba una apertura musical que, más adelante,
propiciaría el boom de la salsa cubana.

Casualmente ahora se cumple el aniversario 90 del nacimiento de Dizzy
Gillespie (21 de octubre de 1917). El trompetista sintió siempre mucha
admiración con las músicas del mundo, especialmente de Cuba, por la
herencia africana que le tocaba muy de cerca. Era el astro del scat, fue
coronado bashere, título principesco yorubá de Iperu, en Nigueria.

Después de aquel primer viaje de Dizzy a Cuba en 1977 volvió en 1982,
hace 25 años, y otras dos veces -cuatro en total- para participar en
los festivales internacionales de Jazz Plaza. Siempre declaró el
agradecimiento a la colaboración de Chano Pozo en su música y en el latin jazz
(jazz latino afrocubano). En los materiales de película se hace constar
ese agradecimiento al rey de los tambores cubanos. En el club habanero
Maxim me reveló: “Vine con la intención de colocar un busto de Chano
Pozo en algún parque capitalino”.

La idea del busto no se concretó, la historia no ha terminado. De
cualquier manera la música de la obra “Manteca” sigue escuchándose como una
obra cubano-estadounidense para la historia. Una composición clásica
que ahora celebra su aniversario 60.

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