D I S C O L O C O G O G I A : ¡PONERLE PRECIO A LOS DISCOS!


“La música es un hechizo. Ella embruja pero también pervierte y absorbe  tiránicamente a sus oyentes. ¡Cuidado con la música.!” Federico Nietzche. 

“Coleccionar discos me parece una encomiable actividad, con la condición, por supuesto, de que el coleccionista no se olvide de la música que está grabada en los discos.” (Alejo Carpentier).

cesar1Por: César Pagano

Ante la caprichosa y huracanada escalada  de  precios de los discos en  Puerto Rico, España, México, Estados Unidos y Colombia, algunos amigos DISCOLOCOGOS  como Cristóbal Díaz Ayala, Enrique Romero, Isidoro Corkidi, Elmer González, Raúl Mosquera, Enrique Romero o Hernando Gómez, residentes en aquellos países mencionados, se encuentran perturbados por los insólitos costos alcanzados por los registros grabados, especialmente los Long Play, acetatos o vinilos, y los discos 78 rpm o 45 rpm, que siguen siendo codiciados y perseguidos por obsesionados  especialistas. Algunos de estos incunables ya han alcanzado las fabulosas cifras que oscilan entre 200 y $500 dólares. Ante tanta gana y tan poca oferta. La cuestión de por sí enredada se ha vuelto más, con la aparición del disco compacto (CD) y aún más el DVD.

Presento escuetamente los resultados de  mis conversaciones y experiencias:

1º. Una de las más grandes  e  inexplicables anormalidades en  la compraventa de los discos es  que ROMPE diaria y bruscamente LAS LEYES DEL INTERCAMBIO ECONOMICO ENTRE PERSONAS. Amigos y melómanos (Humberto Moreno, Elmer González) me han hecho caer en la cuenta que, la regulación normal  entre vendedores y compradores (la que determina el precio de los bienes en la economía de un país), es decir la sacrosanta ley  establecida entre LA DEMANDA Y OFERTA, NO APLICA para el comercio de los discos, PORQUE LA MAYORIA DE LAS VECES ES EL COMPRADOR ES QUE FIJA EL PRECIO. Esta conducta puede obedecer a lo que Carpentier expresó desde 1954, cuando escribía en Caracas: “El Coleccionista de discos, quiere ser el primero en recibirlo todo. La sensación de ser el único en toda la ciudad, que durante dos semanas pueda hacer sonar en su casa algún fragmento de El Libertino de Stravinski, le proporciona un gozo indecible, que en algo pueda equipararse a un colmado apetito de dominación.”

Asistimos cada rato a la  proclama que hace un notable coleccionista (El comprador) que ofrece  una cantidad apreciable de dinero por  una rareza  grabada –determinada por la época o por el número de ejemplares sacados al mercado– y eso sólo basta para que se movilicen rastreadores de cuadrillas enteras y el rumor se extienda, hasta encontrar un afortunado vendedor que satisfaga  al  que no podía  vivir sin ese  disco codiciado. Eso es lo que narró  Helio Orovio sobre el coleccionista Carrillo de La Habana, hijo de un general de la independencia, quien nunca trabajó y tenía dinero y tiempo suficiente para buscar el disco que se le antojase. Solamente echaba a rodar la bola… En estos compradores compulsivos juegan otros factores determinantes: el conocimiento, el vacío sentimental, y  la íntima satisfacción calmada momentáneamente. Claro que como toda utopía, una vez adquirido el bien deseado y recuperada  la liquidez del bolsillo, nuestro enviciado coleccionista emprende la búsqueda quimérica por otro y otro y jamás se termina de completar colección alguna.

Normalmente una obra original y de la cual salieron por lo menos quinientos discos, se vuelve extraña por algún motivo. En Cali se ha vuelto una devoción, el cantante Pepito López, que en su natal Puerto Rico apenas si es reconocido, Y Antonio Machín con más razón es una leyenda en España y se venera todo lo que interpretó aunque cometió  grabaciones desdeñables.

Habla alguna extraña valoración y le crean anécdotas y exageraciones que los hacen singulares en el mercado. Tratamos, por supuesto   de un disco legal, porque un disco llamado “pirata “, lógicamente vale menos.

En Colombia resuenan las ofertas crecidas de algunos rimbombantes compradores – no por los artistas colombianos de antaño-, sino por los cubanos, mexicanos  o boricuas que hicieron carrera por  Europa o por U$A: José Mojica, Jorge Negrete, Quinteto Borinquen, Orquestas Tizol, Juan y Oscar Calle, Don Aspiazu, Marino Barreto o Ernesto Lecuona.

Con el investigador y escritor Cristóbal Díaz Ayala- quien  hizo su contribución más perenne y preciosa con La Discografía de la Música Cubana en varios tomos – conversábamos en alguna  ocasión, lo que sería  imaginarse cuanto pagaría algún recopilador al cual sólo le faltan  uno o dos ejemplares de la obra grabada por Gardel,  Caruso o Benny Moré. Conozco una placa de grabación  única donde Pedro Vargas se le olvida la letra  al cantar Valencia de Agustín Lara en vivo en una emisora de La Habana  y debe recomenzar  la pieza musical con  el radioteatro lleno de público. Muchos quisiéramos haberla comprado, empezando por  el mismo artista sorprendido en error, pero el gran coleccionista Neno Sánchez se murió sin venderla.

Si el mercado de las tiendas tiene cierta lógica también, puede alterarse abruptamente  en algunas situaciones de subastas internacionales (Sothebys en Londres), donde por ejemplo, un disco debido a su carácter histórico o sentimental  alcanza un precio insólito. La   mayoría de los cazadores de discos conocemos unos emporios más  cotidianos y masivos: el comercio  callejero, subterráneo  e informal que obedece a unas  reglas tácitas y de fácil entendimiento.  En estas  situaciones  no es tan homogénea la clasificación, ni los precios, ni  la oferta, ni la información para el comprador. O el vendedor, pero funciona aceptablemente para ciertos coleccionistas con olfato, y es así  como pueden encontrarse buenas adquisiciones en  un mercado de las pulgas, un evento musical de intercambio (Asociación de Coleccionistas de Puerto Rico), una discotiendatertuliona (Rafael Viera en Puerto Rico, o un centro comercial de eventos (Carnaval de Barranquilla y las Ferias de Cali) de misceláneas musicales o   donde concurren oferentes e interesados en comprar estos registros sonoros. No deben olvidarse jamás que las universidades y centros culturales o museos, también son centros que mantienen  discos, libros y copias en sus servicios de expendio e intercambio cultural.  

2º. Un CRITERIO ESTETICO de mérito artístico debiera primar sobre las leyes económicas para valorar los discos. EL VALOR CREATIVO  de una obra debiera quedar  establecido  por la riqueza musical grabada (ritmo, armonía, melodía, timbre etc.) y todo aquello que haya contribuido en forma equilibrada y convergente en función de  un  resultado integral musicalmente hermoso.

Sino es original la obra, la belleza de LA ORQUESTACIÓN O ARREGLO  que lo renueva y engrandece, también debiera  contar para valorar sus méritos.

Asimismo, LA INTERVENCIÓN DE  ALGUN SOLISTA  vocal o instrumental, debe ocupar un lugar destacado para juzgar  una grabación.

Causa alegría y confirma la buena suerte, el conseguir un disco fabuloso como el de Ester Borja acompañada por la Orquesta de Cámara de Madrid –Rapsodia de Cuba, sello Montilla- o a Lucho Gatica acompañado por la guitarra de Arturo Castro, o encontrarse con el tenor Miguel Fleta o con un Piazzolla escaso, a   precio irrisorio en un puesto modesto de discos, pero al mismo tiempo se produce  sincero pesar de que no haya educación general, buen gusto y conciencia de su enorme valor artístico. Tampoco me agrada advertir que son  poco valorados –por lo menos en el mercado latinoamericano- orquestas renovadoras tales como Irakere o Los Van Van de Cuba contemporánea, El Trabuco Venezolano, o El Trío Mocotó de Brasil, ya que los coleccionistas son muy dados a aferrarse a una época a un  sólo país o género, como si la música se estacionara en la edad o en la categoría  de sus gustos.

3º. Otra faceta para considerar en una obra artística total es la CALIDAD DEL TEXTO o la poética que acompaña la música, que debe ser el aspecto fundamental. Una elaboración literaria trascendente, dramática, juguetona o picaresca, puede ayudar si es original, oportuna, novedosa, sólida, coherente, vigorosa o tierna,  a exaltar la música, asimismo como la  carencia de estos fundamentos, también contribuyen a desvirtuarla.   

Fue el maestro Guillermo Abadía Morales quien nos demostró la existencia de obras inconclusas musicales muy exquisitas y meritorias, a las cuales se les habían montado  tediosos e incongruentes textos  que las desvalorizaban, pues los músicos portentosos no siempre tienen la gran cualidad de ser poetas o  la humildad de buscaren en otra persona el  complemento de lo que ellos carecen. Hay mucha bobería cursilona o chabacana cabalgando encima de  hermosa música de Latinoamérica.

4º. Otra causa  para determinar  los precios de los registros sonoros  es la EVOLUCION  de LA TÉCNICA Y TECNOLOGÍA  con la cual  se forjó la obra impresa  y obviamente el ESTADO DE CONSERVACIÓN del  ejemplar en prácticas de intercambio.,que puede ir desde pésimo por el grave deterioro a excelente, cuando apenas si ha sido tocado por alguna aguja . Al final de cuentas como dice Richar Yori en Cali citado por Federico Polo:”Los discos no son para contarlos, sino para escucharlos”.

Para el grueso dela gente un nuevo formato derrumba en precios al anterior producto. Ejemplo, el LP si recogió grabaciones originales en 78 rpm o 45 rpm, éstas últimas quedaron valiendo poco. Semejante caso ocurre cuando los discos de vinilo o  Lp han sido grabados para CD, el gusto mayoritario se inclina por la última técnica., aunque el acetato conserve sus amorosos seguidores y compiladores y muchos hablen de sus mayores frecuencias en los bajos y altos. Por esas razones muchos compradores van en peregrinación a City Island (N.Y) -según me cuenta Carlos Deivy Velásquez- a dejarse esquilmar por un judío, que vende a razón de US300 cada ejemplar de LP de 10 pulgadas de Noro Morales, Machito, Tito Rodríguez o Tito Puente.

5. otro  aspecto ajeno a la música grabada pero fiel acompañante de ella y que aprecian los perseguidores de discos -especialmente de acetatos- , radica en la  la categoría, novedad y belleza del DISEÑO ARTÍSTICO, la calidad y resistencia de la llamada carátula, o empaque  del disco mismo.

Una información histórica rigurosa, un análisis serio  y alguna anécdota sugerente del artista o la grabación  sobre la obra, una fotografía conveniente  y una ficha técnica suficiente, en cambio de ilustraciones con  mujeres semidesnudas o la perezosa página en blanco, siempre le agregan interés, valor y aprecio a un disco.

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