Amigos de García Márquez desvelan el espíritu “mafioso” de su amistad


Ana Gerez

Río de Janeiro, 22 sep (EFE).- Gabriel García Márquez es un hombre de una “lealtad profunda”, una “generosidad sin límites” y con un sentido de la amistad algo “mafioso”, según el retrato que de él hacen sus amigos brasileños Eric Nepomuceno y Ruy Guerra.

Nepomuceno es escritor y traductor de la obra de García Márquez al portugués. Guerra está considerado como uno de los más versátiles cineastas brasileños.

Ambos comparten una vieja amistad con el periodista y escritor colombiano, al que la Bienal del Libro de Río de Janeiro, que se clausura el domingo, ha rendido homenaje con ocasión del cuadragésimo aniversario de la publicación de su obra “Cien años de soledad”.

La relación de Guerra con el creador del legendario Macondo remonta a la Barcelona de los años setenta, cuando el cineasta trabajaba con el peruano Mario Vargas Llosa, por cuya mediación se conocieron antes del distanciamiento entre ambos escritores.

Por entonces, el Premio Nobel de Literatura le dijo a Guerra que había visto una película suya “sacada de una historia mía, antes de que yo escribiera la historia”, y le dio un libro, “El ahogado más hermoso del mundo”.

Ese mismo día, le aseguró que harían una película juntos, solo quedaba decidir la historia, y durante diez años se vieron en todas partes del mundo sin decidir cuál.

“Hoy tengo la satisfacción de ser el cineasta que más películas” tiene con García Márquez, explica.

Guerra se ha inspirado o basado en sus obras literarias para cuatro trabajos: la miniserie “Me alquilo para soñar” realizada para la televisión española, “Fábula de la bella palomera”, “Erendira”, dirigida por Guerra y con guión del escritor, y “O veneno da madrugada”, título que también tuvo la traducción al portugués de la novela “La mala hora”.

En este caso, la película es una adaptación “completamente diferente” del libro, que hizo al director de cine temer el descontento del autor, por lo que preparó un discurso para decir: “Gabo, no he sido fiel al libro, pero te he sido fiel”.

Antes de poder explicarse, cuenta el escritor, le llamó y le dijo: “Ruy, has destrozado mi libro, pero es una película maravillosa”.

El primer contacto de Nepomuceno con quien está hoy considerado por los críticos como el más grande escritor vivo fue por teléfono, hace más de treinta años, cuando el brasileño tenía 25 años y vivía en Buenos Aires.

Gabo, nombre afectuoso que le dan tanto sus amigos como los admiradores anónimos de su obra, le llamó porque había hecho un texto sobre la muerte de Salvador Allende en Chile y el fin de la democracia chilena, y quería un joven escritor latinoamericano para hacer entrevistas y hablar con jóvenes chilenos.

El trabajo conjunto fue también uno de los factores que acercaron a García Márquez y Nepomuceno, para quien el escritor tiene un sentido “mafioso” de la amistad, en el sentido de una fuerte unión en la que no cabe la deslealtad.

El escritor brasileño, que también ha llevado al portugués autores como Jorge Luis Borges, Juan Rulfo, Eduardo Galeano y Julio Cortázar, y escrito novelas, cuentos y ensayos, afirma que la publicación de “Cien años de soledad” cambió la vida (del escritor) para siempre, y la convirtió en “un infierno”, ya que no podía ir a ningún lugar sin que le acosaran.

“Creo que es el único escritor vivo, no recuerdo antecedentes de escritores que tuviesen ese poder, esa popularidad. Tal vez Hemingway en su tiempo”, estima su traductor quien alerta contra cualquier intento de “usar” o “traicionar” a García Márquez.

“Una vez me dijo que escribía para que mis amigos me quieran más”, recuerda Nepomuceno, pero, en su opinión, “es un autor que escribe para gustar más a los amigos, y consigue hacer que los amigos se gusten más entre sí”.

Con el mismo tono afectuoso, Guerra rememora una anécdota similar. Alguien preguntó a García Márquez mientras firmaba uno autógrafo tras otro por qué escribía y, “con la sinceridad de un borracho”, respondió “para que me amen”. Después se volvió hacia él, pensó un poco, y agregó: “pero no necesitaban amarme tanto”.

Según el cineasta brasileño, García Márquez comentó una vez que la gente pensaba que sus libros eran muy cinematográficos, pero el escritor discrepaba porque “las metáforas visuales que creo son metáforas literarias, no cinematográficas.

Para Nepomuceno, la obra del escritor colombiano es “extremadamente política, extremadamente humana, una obra que tiene una carga desaforada de poesía, y que, con tal de gustar más a los amigos, escribió una historia descomunal, que es nuestra historia”.

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