Corpus_jesus

¿Qué poder tiene un Estado? La erupción de un volcán convierte en cenizas nuestro bienes. Un tsunami hace desaparecer ciudades enteras. Cambia un gobierno y miles se quedan en la pobreza porque pieden el empleo  ¿Qué confianza se puede depositar en algo altamente vulnerable?

¿Cuán digno de confianza es el poder del ser humano? si cuando recibe un beneficio lo usa para sí y para los suyos, al menos, los más «correctos»? Sin juzgar al mala sangre que desde una dependencia del Estado da como bueno esquilmar al otro o tratar de someterlo asentado en una dudosa posición. Raza mañosa, edulcorada por metáforas. Los ves tomándose un buen vino con el sudor de otros y por sus rostros no cambia la temperatura.

¿Sería sensato confiar en el infeliz que te ultraja, estorsiona o se cree vivo, quién también es una víctima de la codicia y su afán de sentirse como lo que no puede ser? Qué sentido tiene, si cuando pasan los años a muchos los encuentras enfermos y abandonados por todos. Como si el pago fuera purgar su incontinencia, en este Infiernillo que llamamos Tierra.

Si aceptáramos que lo que Existe, no existe. Que en el desfiladero no hay espacio para la transformación. Qué sentido tiene el que existamos. Entre ley y mandato que no soportan peso. Hacia dónde mirar.

Hay un poder que se nos otorgó, a los que vamos por el mundo como frágiles libélulas, buscando la verdad en el saber profundo. El poder del Amor. No confiar en el otro, sino amarlo. No importa cuán miserable sea. No importa cuanto daño nos hizo, cuántas veces, silencioso, no volteó la espalda o nos negó un favor. Las libélulas conocen secretos prodigiosos ¿podrías sin dolor conocer el amor? ¿sin tristeza disfrutar la alegría? ¿sin sentir hambre degustar un alimento? Nada es Uno en el mundo sólo Dios. Lo demás se mueve en natural doblez. En una doblez polarizada, que también usamos mal a nuestro modo.

Y he ahí que he apostado al Amor. El Amor que me limpia y me transforma. He ahí que he apostado a la Fe. A la Fe que me ilumina y me enriquece. Amor y Fe en mí, que es Dios primero, porque sin Dios ¡Ay, de mí! ¿Quién puedo ser?

Raysa White Más, mayo 2012, Santo Domingo. 

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