Woody Allen: “Nunca me consideré un artista”


En esta esta entrevista el cineasta neoyorkino habla de su nueva película Medianoche en París y como se inserta Carla Bruni en ella.

Por Pablo O. Scholz pscholz@clarin.com

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“Yo estoy chapado a la antigua, no creo en las relaciones extramatrimoniales. La gente deberí­a aparearse para siempre como las palomas… o como los católicos”

Cada vez más bajito, con su voz trémula y tosiendo para comenzar a contestar cada pregunta. Agarrándose la cabeza o acomodándose los lentes de marco negro que son como su segundo apellido, Woody Allen enfrentó –es una manera de decir, porque en las conferencias de prensa las preguntas suelen ser más condescendientes que en un confesionario- al periodismo tras la proyección de Medianoche en París, su película número 41.

Y cuando ya empezaba a volverse rutinario decir que cada película de Woody se parecía a la anterior, y aquélla a la que había filmado antes, y así, el director de Manhattan trajo a la Costa Azul una película que sólo se parece a una suya, La rosa púrpura de El Cairo. En efecto, porque ¿cómo explicar que en pleno siglo XXI su protagonista acepte la invitación de un desconocido y se suba a su auto con chofer cuando dan las 12 de la noche y tenga encuentros en la París de los años ’20 con Ernest Hemingway, Scott y Zelda Fitzgerald, Picasso, Dalí, Buñel, Matisse, Degas y Gauguin? La idea es, sino original, viniendo de la cantera casi agotada de Allen, refrescante, aunque cada encuentro que se suma suene a más de lo mismo. Con un personaje (interpretado por Owen Wilson) jugando a ser Woody en filmes como Dos extraños amantes , copiando sus manierismos, sus salidas ingeniosas, su neurosis, Gil es un guionista de Hollywood que está en París junto a su prometida (Rachel MacAdams) y sus futuros suegros, y está terminando su primera novela. La Ciudad Luz, no se cansa de decir, es para él un sueño, y más aún cuando llueve. “Estás enamorado de una fantasía”, le dice su novia.

O sea: tiene un sueño y esa ciudad de los sueños le permite “escaparse de enfrentar la realidad”, como le dice Paul (Michael Sheen), el erudito y pedante amigo de su novia. Gil conocerá y se enamorará de Adriana (Marion Cotillard), actual amante de Picasso y ex de Modigliani y Braque. “Sos una groupie del arte”, le dice ante la mirada incrédula de una joven de los años ’20.

“Es una visión muy subjetiva”, aclaró Allen, rodeado de sus principales actores, sobre la romántica y nostálgica que da de la capital de Francia. Al abrir con planos más bien turísticos, y música a tono, casi como clisés, ¿está mostrando su punto de vista, o el ideal de su protagonista? “Como yo veo a París es como se la ve en las películas estadounidenses. Antes de conocerla, yo sentía a París por las películas. Es París como yo la siento. París es una ciudad muy excitante”.

“Excitante” fue la palabra que más veces se escuchó salir de su boca, para referirse de nuevo a París, rodar la película o lo que fuera.

Los artistas con los que se cruza Gil, y con los que este atribulado escritor se mezcla en alguna fiesta organizada por Jean Cocteau, hablan. Y cómo. “Fue sencillo –simplificó las cosas Woody sobre cómo escribir esos parlamentos-. Fueron mis ídolos de joven, y lo siguen siendo, han influenciado mi trabajo, son artistas. Nunca me consideré un artista y si pensás en Bergman, Fellini, o comparado con estos escritores y pintores, menos aún. He cometido grandes errores, hice películas unas mejores que otras, he sido un cineasta afortunado”, casi se disculpó. También la palabra fortuna volvió a repetirse cuando dijo que “tuvimos varias jornadas con lluvia”, algo que para Gil –y presumiblemente para él- hacen a una ciudad más encantadora aún. Hay gente que piensa así.

“La literatura y el cine francés han influenciado en mí y en otros cineastas estadounidenses contemporáneos. Truffaut, Godard, René Clair –enumeró-. En Francia se respeta a los cineastas”, opinó en diferencia con lo que sucede en Hollywood, donde el respeto se gana si se tiene éxito comercial.

Pero Allen, a sus 75 años, no ha dejado de ser un gran bromista. Tiene sus motivos para no desear que le suceda lo que a su protagonista, que cambia de siglo, y por las que no cambiaría el presente por los “años locos” de 1920, u otros anteriores. “El aire acondicionado”, por caso. “No me gustaría volver a ningún otro tiempo pasado diferente del actual”, fue tajante Allen, quien considera un error pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor.

Allen, se le nota, no la pasa bien ante la prensa. Le molestan las luces, las cámaras de TV. Pero el castigo ya durará poco. “Owen Wilson es un actor muy alejado de mí, no nos parecemos en nada, y por eso pudo interpretar a Gil… (Se quedó pensando). El es más Costa Oeste, yo más del Este. El es de California..”, dio como a entender, y aclaró por las dudas que “es lo mismo rodar en París, Londres o Barcelona. No cambia mi forma de filmar”.

La primera dama francesa, Carla Bruni, trabaja en Medianoche en Paris . No es protagonista, no habla mucho y en sus tres escenas que aparece no estará más de tres minutos en total. Mujer del presidente Nicolas Sarkozy y ausente en la conferencia de prensa, participa en una escena corta pero clave para el personaje de Gil (Owen Wilson). Interpreta a la guía del museo que visitan las dos parejas y hace referencia a El pensador, la escultura de Rodin, y la relación de artista con Rose, su esposa, y Camille, su amante.

Woody explico cómo fue que la cantante consiguió su papel en el filme. “Una mañana estaba desayunando y tuve un encuentro con Sarkozy y ella estaba con él. Me pareció hermosa, encantadora, carismática y le dije ‘¿te gustaría estar en la película? Tengo un rol pequeño, solo para divertirte’, y Carla me respondió ‘me encantaría, para poder decirle dentro de unos años a mis nietos que estuve en una película’. No veo el inconveniente en que haya actuado, ella no es una diplomática, está casada con un político, es una buena cantante, sabe tocar la guitarra, tiene buen feeling actoral. Hizo muy bien, amorosamente su papel. Filmamos sus escenas en poco tiempo, fue una buena experiencia para ella. Y está feliz de cómo la fotografiamos, cómo se ve en la pantalla”, dijo respetuoso.

En cuanto al origen de su película, se sinceró: “No tenía idea de qué iba a escribir cuando pensé titularla Medianoche en París . Es una ciudad sugestiva, pensé ¿qué pasaría a la medianoche? Y si la idea era mala, iba a cambiar el título y a otra cosa. “Ese es el espíritu”.

Tomado de Clarín, Argentina 

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