Por Rafael Lam/Cubarte

 

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Tan famoso se hizo en París que lo invitaron a administrar un cabaret al que bautizaron La Cueva

Recientemente se cumplió el  35 aniversario del fallecimiento de Julio Cueva (12 de abril de 1897) La Habana, 30 de diciembre de 1975), quizás esa fecha fue un poco olvidada, pero se trata de uno de los más reconocidos músicos de Cuba. Compositor y trompetista de Trinidad, Sancti Spíritus.Fue uno de los precursores del mambo dentro de las orquestas de jazz band. Tuvo el privilegio de ser el trompetista que participó en la grabación del famoso son-pregón, El Manisero, junto a la Orquesta de Justo Don Azpiazu, con la voz de Antonio Machín, en mayo de 1930 en Nueva York. Esa grabación abre el camino del Boom de la música latina en la industria. En esa visita a Nueva York, estuvieron en la inauguración del edificio Empire State, un acontecimiento memorable.Después de esta experiencia trabajó con distintas orquestas en Europa, entre ellas la orquesta del afroestadounidense Snow Fisher en la década de 1930, etapa en que se encuentra con Alejo Carpentier en París quien a modo de  elogio expresa: “Julio Cueva, admirable instrumentista, es uno de los mejores trompetistas que andan por el mundo, con su instrumento se permite acrobacias insólitas, ataca notas agudísimas, marcando el ritmo con el cuerpo entero, hace correr dados ágiles sobre su trompeta milagrosa…Su trompeta superan todo elogio posible, en el sortilegio de nuestros ritmos” (Carteles 1934). Carpentier inmortalizó a Cuevas en el personaje de Gaspar Blanco en la novela La Consagraciónde la Primavera.Tan famoso se hizo en París que lo invitaron a administrar  un cabaret al que bautizaron La Cueva, en su honor. El cabaret era visitado por figuras de renombre y se veían obligados a cerrar sus puertas por exceso de público. En medio de las naves naufragadas que llenaban las calles Fontaine y Pigalle, Julio Cueva dirigía su orquesta con el pianista Eliseo Grenet, un piquete musical que metía miedo. “Con semejante `elemento´ ¿quién no gana batallas?”, decía Carpentier. Las congas, las rumbas y los sones estallaban

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Con Cascarita y Puntillita

uno detrás de otro. No podemos olvidar que era la lejana época de los 30, cuando no había llegado todavía el mambo, el cha cha chá, momento en que en el mundo solamente se escuchaba el tango argentino y el jazz. Estos cubanos, sentaron las bases de la cultura cubana en Europa, una tradición que llega hasta nuestros días. Tocó en el cabaret Sans Soucí junto a la orquesta Hermanos Palau. En la fundación de su propia agrupación estaban los célebres Ernesto y Eliseo Grenet, y popularizaron  internacionalmente la conga y el sucu sucu. También dirigió la Cuban Boys de Amado Trinidad, que después la denominó Montecarlo. En su staff se presentaron estrellas como el pianista y orquestador René Hernández, Felo Bergaza y Bebo Valdés. Ya en 1953 disolvió su orquesta de la que muchos de sus músicos pasaron a integrar  la Banda Gigante de Benny Moré en sus inicios.Piezas reconocidas de su orquesta fueron El golpe de bibijagua, Tingo talango, El marañón, Sabanimar, El ciruelo de palanca, Desintegrado, Trinidad, Cuba en la guerra, No volverán a pasar, Santa clara, No queremos guerra, Yanqui, cuenta bien, Chucumbún, Bronca en el solar, Estoy espiritista, El chicharrón de palanca, Los atolondrados, La melena, Shanghái, Bodas de plata, Bronca en el solar y Cero Hitler en el 42.Entre las voces de su orquesta estaban el astro Orlando Guerra “Cascarita”, Manuel Licea “Puntillita” y René Márquez. “Cascarita” fue un cantante que influyó mucho en el Benny Moré.“Mi gran oportunidad –-me dijo Puntillita en una de sus presentaciones con el Buena Vista Social Club– llega en 1947, cuando se presenta Julio Cueva con su orquesta afro en la ciudad de Camagüey, uno de los cantantes se enfermó y ahí entro yo. Interpreté un tango de moda en aquellos momentos: En un beso la vida y Manola de Electo Rosell “Chepín”. Es en ese momento en que Julio me propone dar el salto a la capital. En aquel momento decliné la oferta; pero a la larga los cantantes Roberto Faz y Roberto Espí me entusiasmaron para que me estableciera en La Habana. Con la orquesta de Julio canté junto a René Márquez y Víctor Valdés. Llegamos a cantar en un club de la aristocracia donde pusimos de moda el tema El golpe de bibijagua y Pobrecita la mujer”.Cueva, según me dijo Odilio Urfé y Leonardo Acosta, es el primero en incorporar  los elementos del mambo en el formato de jazz band con el apoyo en las orquestaciones de René Hernández quien llegó a ser de enorme importancia en el latin jazz (cubano) en Nueva York. “El asunto es que Julio Cueva –acota Urfé–, era un artífice de la música de su tiempo, especialmente en su etapa de juventud, en la década de 1930. No podemos olvidar que Julio era un trompetista estelar, tocaba en una de las orquestas más connotadas de aquellos tiempos, la banda de Justo Don Azpiazu, creo que la primera en invadir los EE.UU. y Europa. Además de eso, Cueva se mantuvo en París, en momentos de auge de la música bohemia. Y, después en La Habana trabajó en los mejores cabarets como Sans Soucí. Además estuvo muy cerca de René Hernández que era un orquestador muy renovador”. “Cueva decía que la idea que tuvo de incorporar los montunos soneros orientales fundidos dentro del mambo en la orquesta, los inventó en la misma etapa enque Arsenio Rodríguez hacía sus experimentos del “Diablo” o “Masacote” (sones montunos orientales con la música afro con el cantante Cascarita). Ese fue su aporte en aquellos tiempos en que muchos trabajaban orientados hacia el mambo moderno”.A la hora de rescatar a las grandes figuras de la música, Julio Cueva será una de las personalidades más apreciadas de la música cubana, siempre estuvo difundiendo y popularizando los ritmos nacionales en una lucha cotidiana dentro del viejo continente.

(Una  colaboración de César Pagano – Visita Salomé Pagana Club Social su sitio en Bogotá)