Cuando tembló la tierra haitiana ¿Dónde estaban los cubanos?


Por LETICIA MARTÍNEZ HERNÁNDEZ
Fotos: JUVENAL BALÁN (Enviados especiales)

Martes 19 de enero de 2010
PUERTO PRÍNCIPE, Haití.— Ni aún en medio de la estresada situación, el cubano abandona su chispa y cuando pregunto cómo es posible que los más de 200 cubanos que a las 4 y 53 de la tarde de este 12 de enero convivían en la ciudad de Puerto Príncipe hayan sobrevivido al letal sismo, algunos me dicen que fue intervención divina; otros, con una sonrisa a medias lo achacan al aché; hay quien habla de buena suerte y de que “lo que está pa’ uno no hay quien te lo quite”; la mayoría aún ni lo cree…

La doctora Madelaine no se desprende de su gorra y su Bandera.

Las historias atrapan. Cada una es más enigmática que la anterior, cuando creo descubrir el testimonio más espectacular, viene alguien y espeta: “Peroeso no es nada… ” y comienzan otra vez mis oídos a sorprenderse. Entoncesintento buscar respuestas a la bendición de no lamentar la pérdida deninguno de mis coterráneos. Debe haber muchas, pero la mía, sin dudas, esesta: no puede pagarse con mal lo que se hace con el corazón, no puede serla muerte el pago a las tantas vidas e ilusiones que nuestra gente hadevuelto en Haití.

Imaginen ahora mismo que se están duchando y la bañadera empieza a moverse. Semejante sensación sintió el profe Raúl, ese que ahora nos ayuda a entender a los haitianos, nos repite una y otra vez los nombres de las calles, nos busca dónde dormir, nos consigue qué merendar y hasta nos sugiere temas para escribir, como queriendo demostrar que el sismo pudo ser muy fuerte, pero no acabó con sus energías.

Como Idalmis, todos los cubanos que el día 12 de enero estaban en PuertoPríncipe “están vivitos y coleando”; les queda mucha historia por contar y hacer.

Cree Raúl que está vivo de milagro. “Sentí que todo el piso se movía, trataba de llegar hasta la puerta del baño pero las sacudidas no me dejaban avanzar. Cuando finalmente llegué, no conseguí abrirla, se había quedado atascada. Fueron unos segundos espantosos. Pensé que nunca saldría, me convencí de que el baño se derrumbaría conmigo adentro. Cuando pararon los temblores logré destrabar la puerta, me puse el pantalón y salí a la calle con otras compañeras a buscar protección. Dicen en la prensa que el terremoto duró un minuto, para mi fueron 24 horas”.

Hoy Ariel Causa, encargado de asuntos consulares en nuestra embajada aquí, se burla de la forma en que lo sorprendió la calamidad: ¡le estaban pasando la máquina de pelar por la cabeza! Cuenta que entre réplica y réplica lo terminaron de pelar y cuando concluyó se le ocurrió inquirir cómo había  quedado, alguien le dio una sabia apreciación: “Parece que te pelaron en medio de un terremoto”.

No hubo hora más desdichada para buscar el pan, así lo cree la enfermera camagüeyana Riselda Zayas. Narra que ese día había terminado de trabajar y salió a comprar el pan del desayuno de la mañana siguiente en la tienda más cercana, hoy en ruinas completamente. Con los ojos a punto de estallar en lágrimas, dice que no había dado tres pasos a la salida del mercado cuando este se desplomó como un castillo de naipes. Lo que siguió fue el abrazo con otra cubana en plena calle hasta que terminó la sacudida ¡Habían salido ilesas!

Pero la historia más conmovedora fue la de la intensivista Idalmis Borrero, una de las primeras que prestó auxilio en la residencia de la misión médica a los haitianos heridos que inundaban el lugar. Esta mujer, al parecer delicada pero definitivamente de armas tomar, atendía esa tarde a otro médico cubano recién operado de un pie, cuando la vitrina de medicamentos se desplomó en el mismo sitio donde hacía unos segundos estaba parada. Hoy saben que ese local fue el que más daños estructurales sufrió allí.

“El paciente que yo estaba cuidando no podía apoyar el pie. Cuando comenzó a temblar intentamos salir de la edificación, tuvimos que recorrer varios pasillos, y era tan fuerte el estremecimiento que nos tiraba de un lado a
otro. Nos ayudamos entre los dos, yo lo sostenía a él, luego él a mí. Así logramos salir, lo puse entonces en el centro del patio para que ninguna edificación le cayera encima.
—¿Te golpeaste? ¿Se lastimó la herida el doctor?
-Nada nos pasó, su herida no sufrió ningún daño.

Pero ahí no paraba todo. Esta cubana, luego de semejante susto y tremenda heroicidad, comenzó a recibir a las decenas de haitianos que llegaban despavoridos con sus familiares en los brazos. Ella y otro médico eran el
único personal de la Salud que estaba allí en el momento del desastre. Fueron muchos los que esa noche de terror pasaron por sus manos. ¿Podía ocurrirle algo a esta mujer en el terremoto?  Definitivamente, no.  Había
muchas vidas por salvar.

 (Enviado por Oficina de Prensa Embajada de Cuba en RD – Tomado de diario Granma)

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