Por Sinay Céspedes Moreno (*)

La Habana, (PL) El Vudú haitiano, considerado una religión muy fuerte en América Latina y el Caribe, es muy temido por muchos debido a sus ritos, sacrificios y en especial, a la existencia de los zombies.
Esos seres son, al decir popular, muertos «vivos», personas fallecidas, quienes según las leyendas, son resucitadas por brujos para hacerlos obrar a su voluntad y como esclavos de los deseos de sus patrones.
Aunque expertos en parapsicología consideran que todo es una creencia o resultado de autosugestión y rechazan la posibilidad real de revivir a un cadáver, numerosas son las historias contadas de generación en generación sobre los «no muertos».
Muy conocida en todo el país francófono caribeño es la reaparición de Felicia Félix-Mentor, fallecida en 1907, y reconocida por su padre y hermano 20 años más tarde, mientras caminaba desorientada y sin habla.
También se comenta mucho de nueve jornaleros que durante tiempo prolongado trabajaron en una plantación de caña hasta despertar de su letargo durante una procesión religiosa, tras ingerir alimentos con sal, producto para ellos prohibido.
Quizás el caso más famoso es el del campesino Clairvius Narcisse, fallecido en un hospital haitiano en 1962, varios días después de ser internado como consecuencia de múltiples golpes propinados por un hermano.
Resulta que en 1980, la policía haitiana hospitalizó a un ciudadano que se autoidentificó como Clairvius Narcisse y declaró haber sido desenterrado, maltratado y esclavizado en una plantación durante todo ese tiempo.
Las pesquisas médicas arrojaron que el campesino tenía daños en el sistema nervioso producto de una intoxicación por una combinación de sustancias venenosas.
Ya recuperado, el «muerto vivo» explicó que fue víctima de un ritual Vudú y testigo conciente de su propio entierro sin poder emitir sonidos o movimientos, y como él y otros zombies abandonaron la plantación donde trabajaban, esclavizados, cuando su amo murió.
Varias son las teorías que argumentan la existencia de esos supuestos cadáveres andantes, pero la más difundida se relaciona con el uso de sustancias, con propiedades para inducir un estado de coma profundo, similar a la muerte, del cual se saca a las víctimas poco tiempo después del entierro, mediante un antídoto.
Investigadores de fenómenos esotéricos coinciden en que esas drogas llegaron a Haití procedentes de territorios africanos como Ghana y Congo, donde existen zonas en las cuales aspirantes a brujos permanecen varios días inconscientes para luego ser devueltos a la realidad.
La tetrodotoxina, sustancia extraída del Pez Globo, habitante de las costas de El Caribe, es el componente esencial del llamado «golpe de polvo» usado en la zombificación, pues su ingesta produce disminución de los signos vitales, según especialistas.
Otros expertos sostienen que la Hierba del Diablo, planta tóxica con poderes alucinógenos, también es utilizada para dar efecto de muerte y luego revivir a las personas.
Mito o realidad (no comprobada), el presunto poder del Bokor (sacerdote) para resucitar ha llevado a muchas familias, sobre todo con bajo nivel cultural, a poner en práctica disímiles medidas para evitar la transformación de su pariente fallecido en zombie.
Así, se puede ver en algunos cementerios tumbas completamente cubiertas con losas pesadas para impedir su profanación o familias enteras que montan guardia durante varios días ante los panteones hasta el inicio del proceso de descomposición del cuerpo.    También es usual la práctica de enterramiento al borde de caminos con mucho tránsito de personas o en los patios de las viviendas. Se conoce además de quienes llegan al extremo de mutilar los cuerpos o rematarlos con tiros y cuchilladas.
El principal temor no radica en las acciones diabólicas que puedan realizar esos seres, sino en la posibilidad de convertirse en uno de ellos luego de perecer.
Como muchos actos ancestrales, la ceremonia de revivir muertos se ha convertido también en una fuente lucrativa, sobre todo para atraer turistas extranjeros, interesados en los misterios del Vudú.
Ya son varios los falsos brujos que han sido descubiertos en medio de simulaciones de resucitación, espectáculos realizados con frecuencia en cementerios y cobrados con anticipación.
El hecho de vivir en el país más pobre del Hemisferio Occidental, con limitados servicios de salud y escasa educación mantiene vivas las creencias de gran parte de la población haitiana en la magia negra.
Resulta difícil hacerle creer a esas personas que los brujos carecen de tantos poderes y menos aún, desmentir las leyendas de seres devueltos a la vida, aunque con limitaciones, después de haber sido despedidos hacia la eternidad por sus familiares y conocidos.
La existencia del zombie ha estado indisolublemente ligada a la historia de Haití por siglos y así permanecerá, en el umbral entre lo cierto y lo falso, por mucho tiempo.
(*) La autora es periodista de Prensa Latina.