La llama insomne, de Sally Rodríguez un libro para leer a corazón abierto


sallyLa llama insomne, el libro nuevo de la poeta dominicana Sally Rodríguez comienza a concitar el interés y la atención de lectores de uno y otro lado del mar. El siguiente diálogo, además de adentrarnos en el mágico mundo de la poeta mocana, nos da la oportunidad de adentrarnos un poco y conocer cómo va la poesía que se escribe en República Dominicana.

Por Mari Cruz Agüera | © mediaIsla

 

“Hondamente me vierto | en ríos de silencio” SR

Estos versos deberían bastar para justificar la lectura de La llama insomne (mediaIsla, 2008) de la poeta dominicana Sally Rodríguez, sobre todo porque han sido escogidos al azar, sin buscarlos, podríamos haber abierto este libro por cualquier otra página y elegido otros de la misma fuerza y profundidad, y esa sí es una buena razón para adentrarse en los pasillos luminosos y exactos de esta Llama insomne. Es, sin duda, un libro para leer a corazón abierto, predispuestos al idioma de sus latidos y a encontrarnos en su lenguaje, hay en él una música lenta y a ratos dolorosa que envuelve de manera irremediable al lector, nos lleva y nos trae por sus caminos haciéndonos sentir, nada más se le puede pedir a la poesía.

 

Sally Rodríguez básica

 

Sally Rodríguez nació en Estancia Nueva ,Moca, República Dominicana. Es poeta, artesana, egresada de la Pontificia Universidad  Católica Madre y Maestra de Santiago en Filosofía y Letras. Durante ocho años ejerció la docencia en universidades del interior.  Ha publicado Luz de los Cuerpos (1985), Diálogos sin cuerpos (2003) y las antologías “Una mujer está sola” (textos de Aída Cartagena Portalatín, 2005 ) y ” Milagro de jueves (textos de jóvenes poetas del Taller Literario del Centro de la Cultura de Santiago, 2005). La llama insomne (mediaisla 2008) es su primer poemario. El mismo ya está disponible en las librerías de su país y para todo el mundo a través del mundialmente conocido portal www.amazon.com o directamente en www.mediaisla.net 

Descubrí a Rally Rodríguez por azar, como suelen ocurrir siempre los grandes hallazgos; en seguida me sentí atrapada por su voz personal e intensa, por la calidez y calidad de sus palabras, por la exquisita sensibilidad de sus formas, y como siempre que encuentro a un o una poeta que me cautiva al instante, me surgieron un montón de preguntas que querría formularle si tuviese la oportunidad, como soy afortunada la oportunidad se dio, y el resultado es esta pequeña entrevista, que más que un interviú al uso, es un diálogo de poeta a poeta.

 

Ante todo me gustaría saber ¿cómo y en qué momento sentiste la llamada de la poesía?

Mi primer contacto con la poesía sucedió a través de un libro de texto. En mi casa no había libros de literatura y en la biblioteca de mi abuelo no recuerdo haber visto poesía. Pero aquel libro de texto, español de quinto curso, fue un descubrimiento maravilloso. Jamás podría explicar lo que sentí al leer aquellos versos: “Anoche cuando dormía/ ¡soñé bendita ilusión!, / que una colmena tenía/ dentro de mi corazón; /y las doradas abejas/iban fabricando en él, / con las amarguras viejas, / blanca cera y dulce miel.

Imposible olvidar aquellos versos de Machado como otros tantos que mi alma descubrió como quien se asoma al mismo umbral de la mañana.
En ese entonces comencé también a escribir.

 

¿Cuales han sido tus fuentes, los poetas que ha leído?

 

Siempre me he sentido más cerca de los españoles: Juan Ramón Jiménez, miguel Hernández, Lorca, Aleixandre. Entre los latinoamericanos, a Octavio Paz lo siento muy acorde a mi sensibilidad poética. Bueno, y Borges me ha encantado siempre, a pesar de que en su poesía predomina el concepto más que la emoción, pero es sencillamente un gran maestro.

¿Qué buscas cuando escribes? ¿Te encuentras o aún más te pierdes?

Escribir, creo, es un mecanismo de liberación. Es sumergirnos en el océano del alma en busca de una luz que nos muestre el propio rostro o algo de ese rostro, como en el poema que lleva ese título en La llama insomne: la eterna danzante que se sumerge en el profundo labio, tocando las orillas del sueño.
Buscando ese rostro, que es uno y diverso a la vez. Es un rostro con infinitas formas, a veces corresponde al otro que está fuera de nosotros, podría ser el mismo rostro de Dios, pero es el mismo a fin de cuentas. Esta búsqueda es un reto constante. Al final sales a la superficie con algo en las manos y lo miras: es el poema.

¿De dónde nacen estos poemas? ¿A dónde acudes para encontrarlos?

A menudo el poema nace del dolor, de la conmoción que nos provoca alguna vivencia. A veces es la sutil percepción de alguien que flota con los ojos cerrados y se place de fluir en el misterio. Claro, el silencio y la soledad son necesarios para ese viaje en el océano interior.

¿Has sentido alguna vez el silencio poético?

Sí. Ambos silencios. El silencio que es poesía pura sin palabras, que es previo a la escritura, y el otro, el que es vacío y aridez, ausencia de ese estado de gracia.

¿Como es el proceso para escribir tus poemas, cuánto trabajas en ellos?

Muchos de mis poemas los escribí de urgencia en algún papel. Nunca los trabajo enseguida. Me gusta dejarlos un buen tiempo reposar hasta encontrarme de nuevo con ellos. Entonces los trabajo, si no quedo conforme los guardo de nuevo hasta otro día. Por lo general, lo que siempre me resulta más complicado es poner títulos. Se me hace difícil en verdad. Con frecuencia, este “reposo”  ha sido de años, como en el caso de este último libro. Parte de este son poemas que llevaban bastante tiempo guardados. Una nueva fuerza me ayudó a recrearlos, a transformarlos completamente y a completar el libro.

¿Te sientes satisfecha de lo escrito cuando acabas un poema o aún te queda la sensación de querer cambiar aunque sólo sea una coma?

Por lo general me siento satisfecha cuando termino el poema. Si algo no me gusta lo subrayo o lo anoto. Sé, que si no en ese momento
más adelante lo mejoraré.

Luego abro de nuevo mis cofres/ recobrando la vida y las palabras/ que turbadas se espesan/Oh líquida sustancia/ túnel hacia el abrazo de fuego que me abrasa. ¿No sientes alguna vez miedo al recorrer este túnel que nombras en tu poema? ¿Es doloroso el proceso de tu escritura?

Es más bien necesario y liberador.

¿Qué momento vive actualmente la poesía dominicana?

Creo que siempre hemos tenido buena poesía. Igual que en otros lados, no abunda, pero está ahí, confundida siempre en medio del bullicio y el ruido de los que tratan de llamar la atención. Me gustaría poder decir que esta buena poesía vive un momento esplendente y de gran difusión fuera de aquí. Pero lamentablemente no es así. La narración ha tenido mejor suerte: ha habido una apertura, una mirada interesada del mundo exterior, de las editoriales que ciertamente están dando a conocer muchos nombres de escritores dominicanos fuera de aquí. Claro, para no ser tan pesimistas, debo reconocer el trabajo excelente que hacen algunos dominicanos fuera del país, como René Rodríguez Soriano, José Alejandro Peña, Miguel D. Mena, desde sus páginas de Internet. Indudablemente es un paso de avance.

 

Y para terminar ¿qué consejo darías a las nuevas generaciones de poetas, a los que empiezan a adentrarse ahora en este difícil camino?

A los jóvenes, el mejor consejo es que no se dejen confundir, que lean siempre a los grandes poetas y escritores de todos los tiempos y que jamás traten de ser lo que no son. La falsedad, la pose, no va con la poesía. Se podrá ser un experto en fabricar versos, pero si no hay sinceridad, todo quedó ahí. Cada quien debe refinar su oído para oírse a sí mismo por encima del ruido. Se debe aprender a fluir con naturalidad y que no nos pierda el deseo de impresionar. Se trata de buscar en ese océano que es el alma humana, al final, ese guijarro con el que regresas, ese pequeño tesoro, si de verdad viene del alma, brillará. A veces unos se pierden en rebuscamientos inútiles, en un afán desmedido de modernidad. Yo creo, sinceramente como Borges: ” el arte debe ser como esa Ítaca/ de verde eternidad/ no de prodigios.” [

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